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11/12/2012 10:21 am ET | Updated Jan 12, 2013

Condiciones óptimas para una reforma migratoria

elecciones estados unidos

El voto latino jugó un papel clave en la reelección del presidente Barack Obama. Como se esperaba, más del 70 por ciento de los latinos votaron por el mandatario. Esto a pesar de que Obama no cumplió su promesa de campaña hace cuatro años de lograr una reforma migratoria y ha deportado a un número récord de indocumentados. Ahora ésa debe ser una prioridad del mandatario en su segundo periodo.

Hace algunos años, tuve la oportunidad de entrevistar a Obama, junto con un grupo de colegas, cuando todavía era senador federal por Illinois. En la entrevista, defendió su voto a favor de construir un muro en la frontera suroeste con México. Su voto había alarmado a la comunidad latina de Chicago y provocado críticas por parte de líderes latinos.

Obama defendió su voto en favor de un muro. El entonces senador se disculpó por no haber consultado a la comunidad latina extensamente. De hecho, se reunió posteriormente con un contingente latino para saldar las diferencias.

Sin embargo, Obama no se disculpó por su postura respecto al muro ni se echó para atrás. Para mí siempre ha sido evidente que construir un muro --sin importar su tamaño-- no detendrá la inmigración ilegal. Sin embargo, Obama se ganó mi respeto por mantener su postura.

Estoy de acuerdo en que la seguridad de las fronteras es un factor crítico cuando se contempla una reforma migratoria integral. Los gobiernos de Bush y Obama han gastado unos $90 mil millones para reforzar la seguridad en la frontera entre México y Estados Unidos.

El objetivo ha ido no sólo impedir que terroristas se cuelen por la frontera sur, sino también detener el flujo de inmigrantes indocumentados; la mayoría de ellos mexicanos. De hecho, el flujo se ha virtualmente detenido.

Un reciente estudio del Pew Hispanic Center señala que, por primera vez en décadas, el flujo de migrantes mexicanos que ingresan y salen de Estados Unidos ha llegado a un punto neutro. El estudio indica que la tendencia en los últimos dos años ha sido que más mexicanos regresen a su país que aquellos que emigran a Estados Unidos.

"La mayor ola migratoria en la historia proveniente de un solo país hacia Estados Unidos se ha detenido", plantea el estudio del Pew Hispanic Center.

Los cruces ilegales diminuyeron en 80 por ciento entre 2000 y 2010. Esto explica por qué los arrestos en la frontera en el suroeste descendieron a sus niveles más bajos desde 1972.

Según el Pew Hispanic Center, menos de 100,000 indocumentados provenientes de México se quedaron a radicar en Estados Unidos; esta cifra se redujo de unos 525,000 anuales de 2000 a 2004. Los mexicanos se están regresando a su país y menos optan por migrar.

La población indocumentada alcanzó su más alto nivel en 2007 --13 millones--, con el 58 por ciento proveniente de México. Disminuyó con la crisis económica y se ha mantenido en unos 11 millones en los últimos años.

Por otra parte, el gobierno de Obama ha deportado a un número récord de indocumentados en lo que va de su administración. De octubre de 2010 a septiembre de 2011, se deportaron a 396,906 indocumentados. El número supera en 4,000 las deportaciones del año anterior. Más de la mitad de los deportados fueron indocumentados con récord criminal.

Estos datos confirman lo que vienen diciendo expertos como Douglas S. Massey, codirector del Proyecto de Migración Mexicana de la Universidad de Princeton. El trabajo del profesor Massey corrobora que la inmigración indocumentada se encuentra a su más bajo nivel en 50 años.
La crisis económica, mayor seguridad en la frontera y un número récord de deportaciones han provocado que muchos mexicanos lo piensen dos veces antes de emigrar al norte. Otro factor es el riesgo que representan los cárteles de la droga que controlan la zona fronteriza.

Asimismo, cada vez es mayor el número de trabajadores mexicanos que vienen a laborar legalmente a Estados Unidos. Según Massey, se otorgaron más de 500,000 permisos temporales de trabajo en 2010, el mayor número en la historia.

Todo esto significa que, con mayor seguridad en la frontera sur, la economía en recuperación y la inmigración indocumentada virtualmente detenida, Obama y el Congreso tienen la oportunidad de legalizar a millones de indocumentados.

En su segundo periodo, Obama y el Congreso deben legalizar a los 11 millones de indocumentados que viven entre nosotros. Los Estados Unidos no pueden tener a un segmento considerable de su población viviendo en las sombras. Es un asunto no sólo de seguridad nacional, sino que también representa una oportunidad económica.

En 2010, el Centro para el Progreso Americano concluyó que una reforma migratoria representaría un crecimiento en el producto interno bruto de $1.5 billones en diez años. Los inmigrantes legalizados comprarían casas y autos generando nuevos ingresos para el sector privado y más impuestos para los gobiernos locales, estatales y el federal.

La reforma migratoria tiene sentido. Las condiciones de seguridad fronteriza, repunte de la economía y control del flujo migratorio están dadas. Sólo falta la voluntad política. La reelección de Obama le otorga un espaldarazo para negociar una reforma migratoria integral con los congresistas republicanos.

En su discurso tras su victoria, el presidente Obama mencionó de nuevo la necesidad de arreglar el sistema obsoleto de inmigración. Es tiempo de que cumpla su promesa.

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