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11/07/2012 09:14 am ET | Updated Jan 07, 2013

Barack Obama: sin tiempo para festejos

barack obama

Han transcurrido las primeras horas del miércoles 7 de noviembre y oficialmente Barack Obama inicia su segunda etapa como Presidente de los Estados Unidos al superar en una competencia por demás reñida a su contrincante, Mitt Romney, del Partido Republicano.

Sin entrar en demasiados detalles, pues ya habrá más oportunidades para desmenuzar todo lo que esta elección deja para la historia, lo que puedo comentar es que en México, para la mayoría de la población, incluso la que vive en la franja fronteriza, el proceso electoral en Estados Unidos fue una nota más de todos los días.

Al darse el anuncio de la victoria de Obama la noche del martes, la sociedad mexicana reaccionó con simpatía ante la noticia de la reelección, sobre todo en redes sociales. Muchos mexicanos, quizá miles, experimentaron una especie de triunfo pírrico con un candidato que representaba esperanza para las minorías, lo cual se anhela en México.

Por algunas horas, los televidentes, los lectores y los usuarios de internet en México que estaban atentos a este tema, sintieron un poco de "envidia" de la manera en la que se decidió la contienda presidencial norteamericana, nada comparada con el actuar de candidatos, partidos e instituciones electorales en el proceso que recién concluyó el 2 de julio pasado con el triunfo del priísta Enrique Peña Nieto.

En la contienda estadounidense no surgieron, por lo menos en su mayoría, encuestas marcando tendencias inexistentes, fueron más bien instrumentos estadísticos que adelantaron con gran precisión el resultado final. No hubo tampoco medios de comunicación que ocultaran sus tendencias bajo la cada vez más desgastada bandera de la imparcialidad.

En su momento La Opinión de Los Angeles y el New York Times por mencionar solo algunos, dieron su apoyo a Barack Obama y nadie hizo un drama de ello; en México muchos Medios apoyan también a sus candidatos pero lo hacen en "lo oscurito", por debajo de la ley electoral y aparentando ante sus seguidores que no se inclinan por nadie, aunque en la práctica la situación sea muy distinta.

Los electores en Estados Unidos tuvieron también debates con muchas mejores condiciones para serlo, tanto para los aspirantes presidenciales como para la vicepresidencia; aquí el Colegio Electoral de Estados Unidos no contrató a una modelo de Playboy para repartirle las preguntas a Obama y Romney en cadena nacional. Ni se les encasilló en un formato como el mexicano más orientado a proteger a los candidatos que a debatir los temas relevancia nacional.

Pero más allá del humor negro y la ironía que pueden despertar las comparaciones entre la política de ambos países, lo cierto es que existen condiciones comunes y temas que requieren sin duda de una definición absoluta.

Hace unos meses escribí sobre la urgencia de México para realizar cambios estructurales en áreas de desarrollo como la política, la economía y la educación, hoy esta idea parece aplicar para Estados Unidos que no tiene tiempo para festejos, su deuda crece de manera impresionante, el desempleo sigue afectando gravemente el crecimiento y a ello le podemos agregar el compromiso presidencial y no cumplido de lograr una verdadera reforma migratoria para la comunidad hispana.

Para México y para todo el mundo, es muy importante que el Presidente Obama tome decisiones responsables con respecto a su economía, porque lo que sucede en Estados Unidos afecta directamente a la economía mexicana.

En el aspecto de seguridad, el gobierno estadounidense tendrá que reevaluar el grado de confianza que le pueda conferir al nuevo Presidente Enrique Peña Nieto, no tanto por un asunto personal, sino por las relaciones que rodean al PRI, a varios de sus ex gobernadores, y a que precisamente, de nuevo el PRI no tiene nada, es el mismo de hace 30 años o más, lo que podría significar un periodo de ajuste en tanto Peña Nieto defina claramente cuál será su política de seguridad pública en el sexenio.

Para la zona fronteriza sin duda los temas son lograr un esquema de frontera segura que agilice las relaciones comerciales, y obtener el compromiso de Estados Unidos para regular con mayor severidad la venta indiscriminada de armas en la franja sur de la unión americana, las cuales llegan sin dificultad a manos de delincuentes y narcotraficantes, con la complicidad de elementos en las aduanas mexicanas.

Y por último, y no menos importante, la posibilidad de una reforma migratoria o un esquema en el que la mano de obra mexicana pueda aportar de manera legal al sostenimiento de la economía de ambos países.

Lamentablemente mientras siga el apoyo para personajes como Joe Arpaio en Arizona, mientras sigan surgiendo iniciativas encaminadas a lastimar a la comunidad hispana en Estados Unidos, será muy complicado pensar en una reforma migratoria profunda, sin embargo tal y como sucede en México, los políticos republicanos y demócratas tendrían que demostrar voluntad para generar cambios, no porque les agrade la idea, sino simplemente porque a Estados Unidos también se le está acabando el tiempo.

O se actúa ya o los fantasmas españoles, mexicanos o griegos, serán como un reflejo de la economía estadounidense, o lo que sobreviva de ella. En pocas palabras... Barack Obama debe dejar el festejo para mejor ocasión.

Elecciones en EE.UU. en imágenes
El triunfo de Obama en Twitter

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