La niña freak que llevaba su máquina de escribir a la playa, un día decidió que mejor quería contar historias reales. Primero quiso salvar al mundo, ahora sólo quiere descubrirlo. Desconfía de todo menos de sus gatos. Ha publicado donde la han dejado. Siempre pierde el celular, pero nunca la capacidad de asombro.