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11/24/2012 10:23 am ET | Updated Jan 24, 2013

Al perdonar serás perdonado

perdonar

¡PERDÓN! Una palabra tan corta, pero que encierra una larga historia.

Alguien me dijo que al perdonar sería perdonado y quiero admitir que al principio me reí, pensando cómo perdonar a quien tanto me ha dañado.

Al pasar del tiempo y comenzar mi caminar con Dios, fui entendiendo esta grande y única lección de amor.

Mi corazón, era un corazón duro, sin fortaleza, lleno de amarguras y gran soledad, pero a medida que fui acercándome a Dios, los pedazos de piedra fueron cayendo y comencé a perdonar las pequeñas cosas que me lastimaban, porque no podía estar cerca de Dios y quedarme como si nada. Ese Dios que es todo amor, misericordia, perdón, el que me ama y me perdona a pesar de mis infidelidades.

Y es que pensé qué difícil es perdonar, pero la verdad no fue así, la sensación de estar haciendo lo correcto, de sentir paz interior, de respirar tranquilo, eso es lo que de verdad vale la pena.

La verdad es que cuesta trabajo cuando este acto no se hace pensando en la bondad de Dios con nosotros. Cuando en la mente y en el corazón tenemos a Dios y nada nos falta, todo nos sobra.

Comienza perdonándote a ti mismo, por lo momentos de angustia, de soledad, por no amarte, ni respetarte, por dejar que todos usen lo que Dios te dio como un regalo especial: Tu vida.

Perdona a quienes te aman y no saben cómo expresártelo. Perdona a quien más te necesitó, pero no buscó la manera de tenerte cerca. Perdona a quien te odió por la necesidad de amarte. Perdona a tus padres, a tus hermanos, a tus amigos. Perdona a quienes se murieron antes que tú, porque sentiste que te fallaron.

A medida que vayas perdonando, cada gota de tus lagrimas irán reduciendo, hasta que puedas sonreír y darte cuenta que la mejor medicina que cura el alma se llama PERDÓN.

Te invito a que hoy te pares frente al espejo y veas la obra maestra que Dios hizo contigo. Eres exacto, especial y pídete perdón y ve nombrando uno a uno a los que tienes que perdonar y recibirás el perdón, que te dará paz y no hablo de una paz pasajera, te hablo de la paz que Dios da y que el mundo no te puede quitar.

Y recuerda nadie tiene la culpa de que tú no te quieras perdonar. Todos tenemos derecho a equivocarnos, pero lo que no tenemos permitido es convertirnos en asesinos. Te recuerdo que el odio te convierte en un asesino, asesino de tus sueños, de tus anhelos, de los mejores momentos que Dios te ha brindado, asesino de los que aman y te aman. Vive y sé feliz dándole la oportunidad a Dios de entrar y morar en tu corazón.

Si mañana tienes que irte a la presencia de Dios, que te puedas ir con un corazón sencillo y sincero, lleno de paz y teniendo en cuenta que PERDONANDO fuiste PERDONADO.

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