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11/21/2012 09:02 am ET Updated Jan 21, 2013

¿Eres frío o eres caliente?

bueno malo

La decisión de seguir a Dios, no es fácil, mucho menos se toma a la ligera, es una decisión que merece respeto, tiempo, pero sobre todo un corazón sincero.

Quien dice que decidir estar en el camino de Dios ha sido fácil, es muy afortunado, porque a muchos de nosotros nos ha costado mucho trabajo decirle que sí a Dios, sin embargo, ha sido la decisión más importante, oportuna y bendecida.

El mundo exterior te ofrece lo fácil, lo divertido o más bien lo prohibido en busca del placer y como hombres y mujeres sexuados, nos es más agradable dejarnos caer en la tentación, que seguir a Dios, sin embrago cuando probamos su amor, es imposible seguir igual o dejarlo caminar sin nosotros tomados de su mano.

El camino de Dios, es un camino recto en el que sin duda hay lágrimas, caídas, sufrimientos, pero una felicidad que el mundo no te la da y tampoco te la puede quitar.

Seguir a Dios es una relación plena con el hombre perfecto, aquel que su vida dio por ti y por mí, por lo que se merece una decisión total y real, no mentiras o verdades a medias.

Algo que a mí me ha servido mucho para aprender a decirle que sí a Dios, ha sido la enseñanza de mi abuelo, que siempre me decía: "Con Dios o eres frío o eres caliente, el punto intermedio en vómito se convierte". Muy fuerte, pero real, pues estás con Dios o estás en su contra.

Es así como me decidí, luego de un viaje a misiones, tomar la mano de Jesús, seguirlo y decirle sí, decirle: "contigo todo es más real". No fue una decisión fácil, perdí en el camino de esta decisión a muchas personas que consideraba amigos, me volví la loca, antisocial y amargada para ellos, pero para los ojos de papito Dios me volví la oveja que regresó al redil.

Y es que la misma palabra de Dios, nos dice: "Preparen un camino al Señor; hagan sus senderos rectos". Que no es más que decir: estén preparados, hagan el bien, amen y perdonen porque en el reino de Dios, hay dos aguas que puedes tomar, la de la voluntad de Dios o la rebeldía que te expulsaría de la gracia.

No esperemos llegar a la presencia de Dios para tomar esa decisión. Hoy tienes en tus manos, el poder de decidir, de iniciar una nueva vida o quedarte ahí disfrutando de los placeres que te da la vida momentáneamente, pero que deja un gran vacío en el corazón, que te deja en soledad cuando el dinero se gasta, las bebidas se acaban, tu pareja se aburre o los amigos te engañan.

¿Se te hicieron conocidas esas frases? A mí me sonaban muy familiares, hasta que decidí decirle que sí a Dios.

El camino no es fácil, pero recuerda que rumbo al Calvario Jesús caminó por un sendero estrecho, llenos de injusticias, dolores, caídas, humillaciones y Él pudo a mitad del camino decir ¡basta! No quiero cargar esta cruz, sin embargo no fue así, el se entregó por ti y por mí, derramó su preciosa sangre para lavar nuestros pecados. ¿Acasó no tomó la mejor decisión?

Entonces, ¿qué esperas? Es momento de que tomes la decisión de tu vida, pero ¡alto! Entre más digas "quiero seguirte Jesús", más pruebas vendrán, tendrás que demostrar que en verdad quieres seguir a Jesús con la mente, con el alma y con el corazón.

La vida está llena de valientes; de aquellos hombres y mujeres que toman la decisión con el corazón, pero también está llena de ausentes; aquellos que prefieren perder su mente y vivir la más grande muestra de amor.

Dios no hizo hombres cobardes, porque fuimos hechos a imagen y semejanza de él. Antes de que levantes la copa, robes las monedas, lastimes a tu prójimo, piensa: ¿lo haría Jesús?

Nota: La decisión es entre Dios y tú, el único testigo se llama Jesús.

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