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11/13/2012 09:08 am ET | Updated Jan 13, 2013

Los salvadoreños reeligieron a Obama

barack obama

Los Ángeles - El miércoles pasado amaneció como siempre. En Nueva York, agua y nieve; en Los Ángeles, un cielo despejado, un clima envidiable. Los negocios funcionando normalmente, las calles con su misma limpieza o suciedad, dependiendo de quién las frecuenta. Nadie podría percatarse de que la noche anterior la población se había expresado con su voto, en las elecciones más importantes en la historia reciente, no sólo de los Estados Unidos.

La campaña, a pesar de los mil millones y medio invertidos por los dos candidatos, no fue apenas percibida por los lugares públicos, donde no se veía la tonelada de posters y volantes, ni cuadrillas de arengas, ni autos con banderas y parlantes a todo volumen repitiendo demencialmente un himno de guerra. La decisión del votante fue tomada en la intimidad de su casa, en las visitas de jóvenes activistas o frente al televisor, como resultado de tres debates entre los candidatos de los principales partidos. La propaganda electoral llegó por correo y fue referida a la forma de votar y las diferentes alternativas, Presidencia, Senado y Cámara de Representantes, así como de más de sesenta propuestas de ley, entre las que estaban las más difundidas en el extranjero, la legalización de la mariguana, la erogación de fondos públicos para el aborto; y el matrimonio entre personas del mismo sexo; pero había muchas más. Sobre el uso del condón en la industria de filmes porno, fondos para educación, algo sobre los transportistas y un largo etcétera.

La gente salió a los centros de votación, dejando un momento su oficina o lugar de trabajo; había un centro de votación a pocas cuadras de cada uno. Unos pequeños rótulos anunciaban el lugar, no se percibía vigilancia, ni chalecos de partidos, ni mucho menos gritos o zafarranchos.

Después, en la noche (California es el último lugar donde se cierran las votaciones y es determinante por sus cincuenta y cinco votos electorales de su sistema muy complicado y anacrónico, que les ha funcionado hasta hoy), nos fuimos con unos amigos a esperar los resultados, comiendo pizza y bebiendo cerveza (ah, las liquor estaban abiertas). Los recuentos del resto del país ya venían en camino y las proyecciones hechas por expertos, cambiaban minuto a minuto, las posibilidades de cada candidato.

Aunque odio las comparaciones, es imposible no hacerlas con las elecciones de nuestro querido país y su endémico desorden y suciedad en todo sentido.

A eso de las 8:15, las proyecciones ya daban por ganador a Obama. Estábamos esperando a que Romney tuviera el gesto de caballero de salir a felicitar al presidente reelecto. El tiempo pasaba y no entendíamos por qué, un amigo de los presentes, trataba, infructuosamente, de explicarnos el complicado mecanismo por el que todavía podría revertirse la elección. El voto en Ohio era crucial para Romney. Supuestamente, ningún candidato republicano que gana Ohio, pierde las elecciones. Allí se estaba contando voto por voto.

Faltando unos minutos para las diez, la suerte estaba echada. Mitt Romney salió, sobrio, elegante, a dar, más que su discurso de derrota, sus palabras de felicitaciones a Obama. Presentó a su compañero de fórmula y su numerosa familia, abrazó a todos y se retiró. Había desencanto en la multitud reunida en el cuartel de campaña, pero ningún grito altisonante.

Media hora después, el presidente reelecto salía con su esposa y sus dos hijas adolescentes a saludar y dar su discurso de la victoria. Así terminaba una jornada cuatrienal, pero que no fue una jornada más. Los problemas que afrontan los Estados Unidos y el mundo entero, en estos momentos, revisten especial dimensión.

Los pueblos están pidiendo soluciones. La conciencia social ha despertado de nuevo y, bajo el nombre de "indignados", ha enfilado sus reclamos hacia los que siempre estuvieron detrás de todos los desastres, el capital financiero que ha campeado impune por todas partes, quebrando países, deponiendo presidentes, etc. Y los indignados de los Estados Unidos no se quedan atrás. Los movimientos Occupy han metido en problemas a muchos lugares, incluyendo la intocable Wall Street.

Y Obama ganó sobre la base de enfrentar al conservadurismo ideológico, que siempre la dominado la política estadounidense. No le tembló la voz para hablar de su apoyo a los homosexuales, ni de la tolerancia de credos ni vaciló para abrir la puerta a los menores de edad que han ingresado al país en situación irregular, con su "acción diferida", que abrirá grandes posibilidades de desarrollo para nuestra gente. A propósito, el 90% de latinoamericanos fueron el voto duro del presidente, y en el caso de los salvadoreños, tal vez el 99%. En conclusión, el mundo ya cambió y los triunfos electorales de este año, así lo demuestran.

Y esa es la importancia que revisten estas elecciones para nuestro país, por el hecho de que tenemos al tercio de nuestra población en esta nación, que les ha dado cobijo y protección, a pesar de lo difícil que ha sido torcerle la mano a los problemas doctrinales endémicos del conservadurismo gringo.

En su discurso de anoche, no prometió grandes cosas. Sólo lucha y mucho trabajo. Es demasiado grande el desastre que dejaran las políticas neoliberales de los Bush, como los veinte años de Arena en nuestro país.

El presidente Obama está en deuda con nuestra gente. Los salvadoreños salieron a votar, un clima que se sintió en Los Ángeles, aunque sin los consabidos excesos de nuestras calles. La expresión popular fue efectiva y allí está nuestra voz también.

Queda pendiente para una segunda parte, donde hablaremos de sus reformas al seguro de salud, medidas tan sentidas por nuestra gente. Sólo aquel que se ha enfermado en estas frías moles de concreto, lejos de la familia, sin documentaciones ni dinero, sabe lo que significa que los servicios de salud lo cubra, aunque sea en una parte. Y Obama nos abrió esas puertas, en contra de los conservadores y neoliberales, que no son sensibles, más que a lo que les abulta el bolsillo.

Pero quiero terminar con un llamado a nuestra gente en los Estados Unidos. Somos la comunidad más organizada. Es impresionante la cantidad de fundaciones y asociaciones. Cada una de las ciudades, pueblos y hasta caseríos, tiene su asociación y, en algunos casos, más de una, pero descoordinados y, lo peor, peleados. Nuestra debilidad está en nuestra fortaleza, porque si bien es cierto, la organización debería de hacernos fuertes, la atomización de las mismas nos hace débiles frente a comunidades como la chicana, las asiáticas, etc., que se presentan como bloque. Este es el momento para que aprendamos de la experiencia y tomemos conciencia del poder que tenemos en nuestras manos y todo lo que podremos conseguir cuando nos unifiquemos por el bien de nuestra comunidad y, en consecuencia, de nuestro país.

Elecciones en EE.UU. en imágenes
El triunfo de Obama en Twitter

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