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Barack Obama, Comunista y Terrorista? / Communist and Terrorist?

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La ultra-derecha cubano-americana de Miami lanzó este sábado pasado lo que sin duda alguna se llevaría como mínimo el tercer premio en el creciente catálogo de calumnias absurdas contra el candidato demócrata Barack Obama, tildándolo de "comunista" y "terrorista".

Para empezar a entender cómo llegaron a tal conclusión, primero tenemos que remontarnos a los primeros albores de la década del 60, cuando la revolución de Fidel Castro gozaba entre el pueblo cubano de un apoyo casi universal. Los castristas eran vistos como radicales idealistas que prometían la justicia social y económica, dándoles esperanza a millones de personas -- no sólo en Cuba sino en todo el mundo entre los que soñaban con un mañana mejor.

Por increíble que parezca, después de medio siglo todavía quedan personas -- muchas de buen corazón y más bien fuera de Cuba y de izquierdas -- que siguen con sus camisetas del Che y opinando que la revolución cubana es lo máximo. No pueden admitir que su dios ha fracasado, y por ignorantes o testarudos no ven el naufragio bastante obvio que es esta isla y su pueblo, aún cuando los cambios que gestiona el régimen de Raúl Castro tácitamente admiten que todo lo que vino antes fue un desastre.

Crédulos como éstos me recuerdan precisamente el otro -- igualmente ciego -- extremo del péndulo: los ancianos dinosaurios de la "mafia de Miami" (como le llama el gobierno cubano al elemento de línea más dura del exilio). A través de ese mismo medio siglo en Estados Unidos (mayormente bajo gobiernos de Republicanos), presidente tras presidente y político tras político ha hecho el mismo peregrinaje a Miami: toman un cafecito en el restaurante Versailles de la Calle Ocho, balbucean algo sobre la libertad, y gritan "¡viva Cuba libre!" antes de pasar el sombrero y largarse para Washington. Luego no hacen más que apretarle el tornillo al embargo de tal manera que solo castiga a cubanos y cubano-americanos por igual, mientras que les permite a selectas grandes empresas estadounidenses vender millones en alimentos y otros productos a Cuba -- y los hermanos Castro se pueden hacer las víctimas y así reforzar su poder. Es una hipocresía de primer orden, pero muchos de estos dinosaurios siguen tragándose enterito el cuento del Partido Republicano.

Por suerte, ya las cosas están cambiando, aunque lentamente; un sondeo reciente revela que una mayoría de los votantes cubano-americanos en distritos claves del sur de la Florida (y aún más los más jóvenes) está a favor de eliminar las crueles restricciones contra las visitas familiares a Cuba. Pero los políticos que tanto ostentan sus "valores de familia," como los congresistas locales (y sobrinos de Fidel) Lincoln y Mario Díaz-Balart, tratan a esta mayoría con el mismo desdén que demostrara recientemente Dick Cheney en cuanto al rechazo del pueblo norteamericano a la guerra de Irak: "¿y qué?" Después de medio siglo, ellos y los intransigentes no pueden hacer nada más que calumniar a los que hemos llegado a la lógica conclusión de que este embargo ha fracasado contundentemente y por ende pedimos a nuestros sabios gobernantes una nueva estrategia.

Pero volviendo a Obama, aquí en Miami este sábado pasado, durante un discurso del candidato presidencial demócrata al Congreso Estadounidense de Alcaldes, unos cuantos extremistas del grupo Vigilia Mambisa, junto al congresista estatal republicano David Rivera (el de las más duras maniobras contra las visitas familiares a la isla), una vez más hicieron el ridículo. ¡Comunista! ¡Terrorista! gritaron, recordando con su fanatismo y modus operandi los "actos de repudio" contra los disidentes de las turbas revolucionarias de los Castro. ¿Y por qué tanto odio? Pues resulta que un par de personas trabajando en la campaña de Obama habían sido parte del proceso judicial que devolvió al pobre balserito Elián González a su papá en Cuba, lo cual fue apoyado por prácticamente todo el público de EE.UU. y la galaxia entera, pero no por los cubanoamericanos de Miami. Ah, y no debemos olvidar ese famoso "saludo-puñetazo terrorista" de Obama y su esposa valientemente descubierto por Fox News. La histeria desatada ha sido una táctica explotada una y otra vez por la ultraderecha cubano-americana contra cualquier persona en desacuerdo con ellos -- gritan "¡comunista!" y se acabó la discusión. Son éstos, desgraciadamente, los individuos que han manipulado la política exterior de EE.UU. hacia Cuba (y hasta cierto punto América Latina) durante generaciones. Y si te atreves a preguntar por qué merece Cuba el embargo y no otros países comunistas como China, Vietnám, y Corea del Norte, gritarán "¡no es lo mismo!" -- sin jamás explicar cómo puede ser.

Y ahora el viejo testarudo de John McCain viene a añadir su "¡viva Cuba libre!" a la misma vez que apoya la misma política fracasada de siempre, atacando a Obama por desafiar la locura del embargo (recordemos que una buena defición de locura es seguir haciendo lo mismo, esperando resultados diferentes) y proponer una alternativa: diplomacia y sutileza, en vez de acorralar a Cuba y empujarla a resistir más y más sanciones. ¿Que si esto es premiar a nuestros enemigos? Señores, hasta Richard Nixon habló con China comunista (aún sin estar tan enamorado de ella como Bush y McCain), Ronald Reagan con la Unión Soviética, y cada gobierno desde entonces con la muy malvada Corea del Norte. Los comunistas vietnamitas mataron a decenas de miles de norteamericanos, y el embargo contra ellos cayó hace una generación. Nuestros gobernantes ineptos no nos prohiben visitar Birmania, Zimbabwe, Bielorusia, Venezuela, ni la susodicha Corea del Norte. Inclusive podemos viajar a Irán, la supuesta amenaza nuclear -- mientras que Cuba, la que no nos permiten visitar, ni siquiera ha merecido inclusión en el "eje del mal".

Correctamente manejado, el diálogo podrá conducir al progreso, a mejorar las relaciones con EEUU y a fomentar la creciente libertad en Cuba, en vez de entorpecerla, como ha hecho el embargo -- y más hoy que Fidel cuenta poco y el equipo de Raúl ha empezado a poner en marcha los cambios que ellos mismos reconocen como necesarios para sobrevivir. "¡Cambios cosméticos!" gritan los intransigentes y los embargo-industrialistas (así llamo a los Diaz-Balart y otros parásitos que se ganan la vida con el cuento del embargo). Sí señores, son los primeros y pequeños pasos, pero la mayor parte de los expertos no partisanos opina que en la isla está sucediendo algo real, que promete más evolución positiva. Estados Unidos no tiene que abrazar a Raúl Castro en este momento, pero sí debe tratar con él, porque si no evolucionamos también, la historia no nos absolverá. Obama y los partidarios realistas de la democracia comprendemos esto. McCain y los viejos y amargados soldados de la guerra fría, desgraciadamente no.

Barack Obama, Communist and Terrorist?

Miami's Cuban ultra-right-wingnuts this past weekend launched what will surely be at least an honorable mention in the growing catalogue of general-election smears against Democratic candidate Barack Obama, slamming him as both communist and terrorist.

Wow, so what's up with that? To explain, let me rewind a second here -- actually more like forty-five years. Once upon a time, back in the early 60s, the ongoing revolution launched by Fidel Castro's régime enjoyed impressive if not universal support among the Cuban people. The Castroites came across as idealistic radicals who talked a lofty game about social and economic justice that gave hope to countless millions -- not just in Cuba but wherever in the world people dreamed of a better tomorrow.

And incredibly, after nearly a half century, there are still plenty of often well-meaning folks -- usually deluded lefties outside Cuba -- who still flaunt their Che Guevara T-shirts and think the Cuban revolution is just the cat's meow. All the while, they refuse to admit that their god has failed, cluelessly or willfully ignoring the fairly obvious wreckage it has made of this island and its people, even when the changes now underway under Raúl Castro are essentially admissions that it was all a massive flop.

Dupes like these remind me precisely of the other -- and equally blinded -- end of the spectrum: these old dinosaurs of the super-hardline anti-Castro "Miami mafia" (to borrow the parlance of the gang in Havana). Through this same half-century in the United States -- mostly under Republican rule -- president after president and pol after pol has made the same old pilgrimage to Miami: they'll sip a café cubano at Calle Ocho's Versailles restaurant, natter on a bit about freedom and shout "viva Cuba libre!" before passing the hat and skedaddling back to Washington. Then they do nothing meaningful except occasionally turn the screws of an "embargo" that hurts only regular Cubans and Cuban-Americans alike but lets U.S. big businesses sell millions in foodstuffs and other products to Cuba while letting the Castros play the victim, thus helping entrench them in power. This is some of the most brazen hypocrisy going, and yet year after year, many of the ossified old-timers still blindly fall for the GOP's same old song and dance.

Fortunately, that's slowly changing -- a recent survey revealed that a majority of Cuban-American voters in key South Florida districts (and an especially high percentage of younger people) favor easing the embargo's heartless travel restrictions because they want to be able to visit their families. Yet so-called "family-values" pols like local congressmen Lincoln and Mario Diaz-Balart dismissively continue to give this majority the backs of their hands -- their attitude, as Dick Cheney recently said about the American public's hatred of the Iraq war, continues to be: "so what?" Even now, knee-jerk intransigentes like these can offer no solutions -- all they can do is rail and name-call against those of us who've realized that this embargo's been a total flop and are pressing to try something else for a change.

But back to Barack. Here in Miami this past Saturday, several dozen of the aforementioned wingnuts from the group Vigilia Mambisa, along with GOP state representative David Rivera (known for his insistent maneuvers to keep families separated and Cubans on the island isolated ) demonstrated outside the U.S. Conference of Mayors meeting being addressed by Barack Obama, making fools of themselves yet again. They were screeching "communist, terrorist!" supposedly because -- get this -- a couple of fellows working with his campaign were involved in the Clinton administration's return of poor little refugee Elián González to his only surviving parent in Cuba, a measure supported by virtually the entire country and world except for Cuban-exile hardliners. Well, and of course there was also that recent "terrorist fist jab" so bravely pointed out by Fox News. Over-the-top hysterics have been a tired but true tactic of this crowd against anyone they disagree with - merely scream "comunista!" and for them, Q.E.D. -- argument over. Yet these are exactly the kinds of characters to whom our Cuba (and to some extent Latin America) foreign policy has been held hostage for generations. Ask why Cuba deserves an embargo and Communist China, Vietnam, and North Korea don't, and they yell "that's different!" -- but never bother to explain how. And it's interesting how, both in their absolutism and their aggression, when demonstrating they also strikingly resemble the hysterical mobs deployed by the Castro régime in actos de repudio (violent demonstrations of "rejection") against dissidents - usually minus the physical assaults, of course.

And now stubborn old geezer John McCain comes along to add his "viva Cuba libre!" while backing the same failed policies and ripping into Obama and others for defying the insanity of the embargo (insanity being famously defined as doing the same thing over and over yet expecting a different result) by trying something different: applying a little diplomacy and finesse instead of pushing Cuba to dig in yet more against sanctions. Rewarding our enemies? Please, even Richard Nixon parlayed with Communist China (though he wasn't so in love with it as are Bush and McCain), Ronald Reagan with the Soviet Union, and practically every recent president with extra-nasty North Korea. The Vietnamese communists killed tens of thousands of Americans, and that embargo ended a generation ago. Our hapless leaders don't forbid us from visiting Burma, Zimbabwe, North Korea, Belarus, Venezuela, or any number of evilly governed countries. We can even visit supposed nuclear threat Iran -- while Cuba, by contrast, doesn't even rate membership in the "axis of evil."

Handled correctly, talks will move both Cuban freedom and relations with the U.S. forward rather than backward as the embargo has done -- especially now that Fidel is gone and the Raúl team has set in motion the changes they know are necessary for survival. "Cosmetic changes!" shout the intransigentes and the embargo-industrialists (as I dub the Diaz-Balarts and other leeches who in one way or another have made the embargo their bread and butter). Well, these may be baby steps still, but most nonpartisan experts agree, there's something real happening down there, something which promises even more evolution. The U.S. doesn't have to embrace Cuba at this time, but we do need to engage, because if we don't evolve too, history won't absolve us. Obama and we pro-democracy realists understand that. McCain and the embittered cold-war dead-enders obviously can't.