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11/02/2012 12:08 pm ET | Updated Jan 02, 2013

A cada muerto con su tema

dia de muertos

¿Cuándo celebramos el día de los muertos?

Para mí, siempre fue un día a inicios de noviembre; para ser más específicos, el 2 de noviembre.
Nada fuera de lo común ocurría ese día. Al contrario, el día anterior, día de Todos los Santos, era feriado. No había que ir a trabajar o a la escuela. Muchos bancos y oficinas públicas permanecían cerrados.

Era un día de primavera, ya que yo crecí en el hemisferio sur, donde las estaciones suceden en modo contrario. En esta fecha se recordaban a nuestros seres queridos que ya habían pasado a mejor vida y la mejor manera de recordarlos era visitando sus tumbas en el cementerio y llevarles flores. Todo eso se hacía el día anterior, el día festivo.

Pero llego a los Estados Unidos y el día de los muertos es toda una celebración en las comunidades mexicanas. Celebran con calaveras de azúcar, con esqueletos de papel picado, con el pan de muerto. Celebran con beneplácito al construir sus altares en los que colocan muchos objetos que pertenecieron al difunto.

Celebrar la muerte, especialmente con comida, me parecía tan extraño. Pero en realidad lo que me contaron siempre era que celebraban la vida que el muerto había tenido en este mundo, con alegría, no con tristeza.

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Igualmente seguía siendo peculiar porque yo extraño a mis muertos, y la idea de que ya no se encuentren entre nosotros me llena de tristeza. La comida trae felicidad. "Barriga llena, corazón contento", reza el dicho. Entonces, si comer trae alegría, no va con la pena de no estar con la persona que se fue. Una pena que se torna en melancolía, y que termina en contemplación.

Es que cada cultura tiene sus costumbres, valores y sabores y en lo que respecta a los muertos, la cultura mexicana es muy particular y diferente.

Es, para mí, como vivir cerca de un cementerio. Yo lo considero macabro. Si viviera cerca a uno sentiría que de pronto, una noche de éstas o de aquellas, al llegar a mi casa tarde, me podría encontrar con una escena como la del video "Thriller" de Michael Jackson.
Quizá traigo traumas de la niñez, pero lo siento así.

Hace muchos años, cuando buscaba vivienda para comprar, recuerdo que la agente de bienes raíces me llevó a una casa muy simpática que justamente quedaba al frente de un cementerio. "Es una zona muy tranquila", me dijo, sonriente. Claro, los muertos pasan sus días y noches en silencio, pensé.

Pero por más silenciosa que sea la zona, yo le dije muy claramente que se abstuviera de mostrarme propiedades cercanas a un camposanto. Llámenlo tonterías, pero no crecí con cementerios cercanos a zonas residenciales. Siempre se encontraron en las afueras de la ciudad, e ir a visitar a los muertos requería de tiempo.

Afuera del cementerio se encontraban las vendedoras de flores y era la parada obligatoria antes de ingresar. Uno nunca llega al cementerio con las manos vacías. No llevas comida, sino flores: rezas, reflexionas, caminas por las diferentes tumbas. Incluso dices: "Ya visitamos a la abuela, ahora vamos a la tumba de la tía María y del tío Oscar".

Y así pueden pasarse las horas, recorriendo altares mortuorios y dejando flores en las diferentes tumbas, siempre con un espíritu sobrio y callado, y muy respetuoso. No se escuchan risas ni voces fuertes. Sólo el viento y el olor tenue de las flores, que como los que se encuentran bajo tierra, llegan preparadas a morir.

(Fotoilustración por Elio Leturia)

Día de Muertos: Tradición llena de vida