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11/11/2012 03:38 pm ET | Updated Jan 11, 2013

Reforma migratoria más cerca que nunca, ¿o es un espejismo?

Quien piensa que una vez cerradas las urnas de esta elección presidencial, contados los votos y anunciados los ganadores, la vida política estadounidense se iba a tranquilizar, hallará que detrás de las bambalinas, por debajo de la superficie, Washington está que arde.

Este es el momento de los cambios, cuando queda por definir el significado de los resultados.

Así, para el Presidente reelecto Barack Obama, el pueblo le aprobó dejar que las exenciones tributarias de quienes ganan más de 250,000 dólares al año venzan. Para el presidente de la Cámara de Representantes, el republicano John Boehner, los votantes decidieron conservar la mayoría que goza su partido en esa instancia, precisamente por su oposición a ese aumento de impuestos.

Luchan a brazo partido por la percepción histórica. ¿Por qué perdió Mitt Romney? ¿Fue el factor demográfico donde hay más votantes de minorías étnicas, tradicionalmente demócratas y menos blancos, en su mayoría republicanos? ¿No se supieron explicar bien los republicanos? ¿O es el Partido Republicano - el GOP - un paria, un extremista, por su estridencia y absolutismo ideológico? ¿Fue Romney demasiado extremista o demasiado moderado, como dice el poderoso propagandista radial republicano Rush Limbaugh?

Pero en un aspecto están los dos grupos de acuerdo: en estas elecciones, el apoyo de los votantes latinos por el candidato demócrata fue abrumador, absoluto: 71 por ciento o más. Incluso en Florida la mitad de los cubanoamericanos votaron por Obama. Y eso es significativo. Invita a conclusiones programáticas.

De allí que una extraña concordancia haya surgido como la casi única conclusión común a ambos lados: el voto latino está para quedarse, crecerá incesantemente... y hay que tomarlo en cuenta.
Entonces, en menos de una semana, la causa por la reforma migratoria y la legalización de los indocumentados ganó nuevos y sorpresivos adeptos.

Desde ahora, la reforma migratoria estará a la orden del día. El debate, una vez juramentado el nuevo Congreso en enero próximo, será inmediato.

La reforma migratoria no se ha visto jamás tan cerca. ¿O es un espejismo?

Porque también lo pareció en 2006, luego de las gigantescas marchas de los inmigrantes, o en 2008, cuando Barack Obama resultó elegido tras prometer que la promovería en su primer año de gobierno, o en 2010, cuando fue debatida. Nada pasó. ¿Por qué debería pasar ahora?

Por las circunstancias. Por el debilitamiento de la derecha radical, antidemocrática y estridente, en los comicios. Porque algunos líderes republicanos moderados se dieron cuenta que si no confrontan - en vez de aplacar - al movimiento del Tea Party, corren peligro de convertirse en irrelevantes, marginales.
Y porque las próximas elecciones nacionales no son hasta noviembre de 2014.

Sí, tenemos poco más de un año hasta que comiencen las primarias dentro del Partido Republicano. En esas primarias participa activamente, más que nada, el movimiento Tea Party y sus acólitos. Los antiinmigrantes. Dentro de un año o más, un precandidato que proponga la odiada palabra "amnistía" corre peligro de ser derrotado dentro de su propia agrupación y reemplazado por un intransigente.

Si no se cambia, antes, la percepción, y la ley.

En este año, no hay elecciones primarias, sino una posibilidad para el GOP tradicional, moderado, de retomar la delantera, de presentar batalla, de moverse más cerca del consenso nacional. Sí, porque en las encuestas a boca de urna, el 65 por ciento de los votantes (contra 28 por ciento) dijeron que están a favor de esa reforma que ellos hasta ahora rechazaban. Ese es el consenso.

Entonces, se puede esperar que ambos partidos encuentren el camino de la cooperación para la reforma migratoria. Porque ésta no puede pasar sin apoyo bipartidario. Las señales abundan.
Al día siguiente de las elecciones, Sean Hannity, el segundo propagandista más importante de los republicanos después de Limbaugh, anunció que había cambiado de idea y que ahora sí le gustaba la idea de que los indocumentados se vuelvan ciudadanos.

Rezongos similares vinieron de otros ideólogos republicanos como Laura Ingraham, Bill O'Reilly Rupert Murdoch y el propio Limbaugh.

Y el domingo, el senador demócrata Al Schumer anunció que junto con el republicano Lindsey Graham, renovaban la iniciativa bipartidaria por una reforma migratoria, que habían abandonado hace un año por falta de apoyo entre los republicanos.

El plan tiene cuatro componentes: instaurar una tarjeta de seguro social plástica, difícil de falsificar; cerrar la frontera para nuevas olas de indocumentados; un plan de trabajadores temporarios que vengan por períodos limitados para trabajar y luego regresen a sus países de origen, y finalmente la legalización y ciudadanía de quienes ya se encuentran aquí. Claro, los inmigrantes deberán pagar impuestos (cosa que hacen generalmente), hablar inglés (lo hacen cada vez más, y sus hijos, obviamente), esperar al final de la fila (sentido común) y registrarse, es decir, salir de las sombras.

Difícilmente pueda algún inmigrante oponerse a estas condiciones.

Los dos primeros componentes están destinados a apaciguar a los recalcitrantes y lograr su apoyo o su silencio; el tercero beneficiaría los negocios agrícolas, y el cuarto es para emerger de una vez por todas de este enredo y salir adelante.

Todo lo cual es una buena señal para los inmigrantes, y reafirma, por si fuere necesario, del principio casi axiomático, hoy vigente para los latinos: votar conviene.

Voto latino