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11/01/2012 02:14 pm ET | Updated Jan 01, 2013

¡No te disfraces: Revístete!, ¿cuál es la diferencia?

disfraz revestirte

Los seres humanos de verdad que somos muy especiales y buscamos la grandeza a toda costa. Esto es lo mejor que tenemos, pues es algo que va impreso en nuestra naturaleza.

Sin embargo, esa misma búsqueda de la grandeza, ha sido usada en nuestra contra porque desde el principio fuimos tentados, acogiendo el deseo de ser "como Dios"; así perdimos esa gran dignidad que ya teníamos, de estar en su presencia y conocerle y amarle, porque quisimos ser grandes sin Aquel que hace grande todo cuanto existe, porque en Él somos, nos movemos y existimos (cfr Hch 17,28). Él es la fuente que puede hacernos y en efecto nos hace grandes, nos hace sus hijos; herederos de Dios y coherederos con Cristo.

Ante ese deseo de grandeza hemos buscado mil y una formas de realizarlo, no acertando siempre en la elección de lo que conviene a obtener ese fin, y como no lo hemos obtenido, inventamos a seres que pudieran expresar lo que no somos capaces de ser. En otras situaciones, hemos querido ser como otros que consideramos estar en una posición de mayor grandeza que nosotros; y de esta manera al disfrazarnos de ellos, queremos, sobre todo, engañarnos a nosotros mismos.

Buscamos modelos que reflejen grandeza y éxito, entonces todo aquel que detente poder, fama, dinero, oscuridad, se vuelve atractivo. Algunos ofrecen cualquier cosa, hasta su vida para tener un poco de eso, pero precisamente la grandeza está en la vida que poseemos y en ella podemos lograr grandes cosas.

Hoy te quiero invitar a que "no te disfraces y mejor te revistas". Me preguntarás: ¿cuál es la diferencia? Con gusto te la comparto. Disfrazarse es según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española: "Desfigurar la forma natural de alguien o de algo para que no sea conocido". Y también: "Una simulación para dar a entender algo distinto de lo que se siente". Si seguimos la línea de estos conceptos, a través del disfraz emulamos lo peor de este mundo o incluso imitamos monstruos, demonios, y toda clase de criaturas oscuras o de obscenidades que desfiguran nuestra belleza y grandeza. Durante estas celebraciones ocurren toda clase de desgracias, cultos satánicos, evocación de muertos y vandalismo. Estas prácticas dan primacía a la muerte y a la oscuridad como si en ellas pudiéramos encontrar la grandeza que buscamos.

En parte este afán de disfrazarse es por temor a lo oculto o en apariencia por curiosidad, pero de fondo hay algo que atenta contra nosotros mismos, y nuestro deseo de trascendencia de ir más allá para alcanzar algo que dé sentido y permanencia a la vida y que permita soñar y realizar los anhelos de nuestro interior.

Por otro lado, el hecho de revestirse, del griego ἐνδύω (enduo), significa "entrar dentro", "meterse dentro". Por ejemplo: dentro de ropas, vestirse o revestirse. Traducido con este último verbo en la Carta Gálatas 3.27, de los creyentes dice: "están revestidos de Cristo" o en Col 3:10 "revestido de la nueva condición". Esto nos enseña que como cristianos no tenemos que aparentar ante nadie, porque el aparentar es otra forma de disfrazarse.

En nuestra naturaleza hemos recibido algo que se llama gracia, que nos eleva a una condición nueva como dice San Juan en su primera Carta (1Jn 3,1): "Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios. Por eso el mundo no nos conoce porque no le reconoció a él".
Mis queridos hermanos, cuando nos revestimos de Cristo usamos la investidura real que Él posee, y vivimos con la dignidad que hemos recibido.

Si quieres mostrar grandeza, ya no son necesarios los vestidos de marcas de diseñadores, que al final son otra clase de disfraz, sino más bien, atiende el llamado del apóstol que nos dice en Ef 4,24: "revestíos del Hombre Nuevo, creado según Dios, en la justicia y santidad de la verdad".
Y viviendo verdaderamente y llenos de las cualidades que nos presenta Cristo como vemos en la Carta a Colosenses Col 3,12: "Revístanse, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia".

De esta manera veremos cómo nuestro mundo y nuestras vidas se llenan de una grandeza de verdaderos héroes y no nos veremos ni veremos a los demás como monstruos de ultratumba.

Te exhorto a que no celebres la muerte y será mucho mejor que tu vida sea una celebración permanente en la que otros digan: ¡Yo quiero ser como tú!

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