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01/03/2013 10:11 am ET | Updated Mar 05, 2013

Bienvenido el 'tiempo nuevo': cuatro promesas, una tarea

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En este comienzo del año 2013, después de tanta alarma y ambiente de malos agüeros, quiero compartir algo que he estado meditando y me llena de mucho gozo; me ha hecho comprender y admirar este tiempo de modo más especial, y es que a la luz de esto todo lo demás queda relegado a un segundo plano.

Ahora entiendo y asumo, que esta etapa nueva de vida que nos conceden, no es comprar y comer, vestir y festejar sin razón, es vivir en y de alguien, son cuatro promesas, una tarea.

Y ustedes dirán que definitivamente he perdido el juicio, pero si leen este texto del profeta Miqueas 5,3, "...Pastoreará firme con la fuerza de Yahvé, con la majestad del nombre de Yahvé su Dios. Vivirán bien, porque entonces él crecerá hasta los confines de la tierra", se darán cuenta que no estoy demente.

Con estas palabras, el profeta nos refiere a un evento que cambiará la vida de quien lo experimente y les invito a que se animen a vivir el nuevo año a la luz de este texto; en él, como mencionaba, hay cuatro promesas que se han cumplido ya, y esto es la mejor parte.

Cada una de estas promesas responde a una necesidad del ser humano, o sea, tuya y mía; primero: todos nosotros queremos construir nuestras vidas sobre elementos seguros, apoyados en personas que nos garanticen el éxito y cuando fallan la estabilidad o nuestras seguridades, nos asustamos, temblamos y cometemos cualquier locura.

Sin embargo, se nos dice que, Él (Jesús) Pastoreará firme, porque es el buen Pastor que da la vida por sus ovejas; es nuestro guardián y refugio, es la roca que no se mueve y sobre la cual podemos edificar confiados.

En segundo lugar hay otra necesidad: la de dar y recibir afecto, y ante esto aparece la promesa que nos dice que: "nos apacentará con la fuerza del Señor", y en esto hay que detenerse un instante, porque nos dice que Dios en la persona de Jesús nos cuida y da lo que necesitamos, más, no por intereses mezquinos, o de forma tiránica, sino que lo hace con el amor que, es su fuerza, fuerza que nada ni nadie puede vencer.

Pero seguimos observando que ahí no acaba todo, esto se va poniendo mejor cada vez, la tercera promesa aniquila todo miedo, porque nos están diciendo que con la majestad del Nombre del Señor, su Dios, seremos pastoreados, esto no podemos olvidarlo y nos llena de esperanza cierta; pues sabemos que su nombre: Jesús, significa Dios Salva. Pues somos salvados del pecado, de la enfermedad, del maligno y de la muerte.

Estas grandes noticias hacen que la cuarta promesa de disfrutar de la vida en abundancia colme todos nuestros anhelos y con ello no dar paso a ninguna ansiedad que nos arrebate el deseo y las ganas de vivir, descubrimos que solamente en Él tenemos vida y que sin Él nada podemos hacer.

Esto es precisamente vivir un tiempo nuevo, agradecer estos dones. Surge aquí la parte interesante de este asunto, brota nuestra parte en el trato, ya Dios ha hecho la suya, nos ha dado seguridad, amor, salvación y vida. Ahora, ¿qué me corresponde en esta transacción, en este negocio?

Algo muy sencillo pero exigente, algo de dignidad inimaginable que debo realizar con alma, vida y corazón. Dios se ha encarnado y tomó sobre sí todas nuestras dolencias, toda nuestra realidad con sus sufrimientos y pesares, nos asumió totalmente, sin embargo esto necesita una respuesta, la tuya y la mía, la de hacer que esta alegría sea a la vez mía y de otros, es nuestra misión; es compartirlo a Él hasta los confines de la tierra de modo que todo sea recapitulado en Cristo Jesús, para que Dios sea todo en todos.

Es hacer que en medio de nosotros haya seguridad, amor, justicia, buena vida para todos, es darnos nosotros mismos como Él ya se dio, esta misión está al alcance tuyo y mío, por medio de la gracia de Dios que está en nosotros. No es una utopía, es una realidad que necesita ser proclamada, instaurada, celebrada, y seguir pidiéndola como los primeros cristianos que decían Maranatha: "Ven Señor".

Es necesario que Él (Jesús) crezca y que tu orgullo y mi egoísmo disminuyan, que su paz llegue a todos y que nuestras guerras cesen. Es urgente que nosotros enfermos nos dejemos curar por Aquel que es la vida. El nuevo año que comienza, no es cuestión de niños, es algo grande que la creación entera, espera la manifestación gloriosa de los hijos de Dios. (Cf Rm 8, 19-25)

Lo más asombroso de esta tarea es que en cuanto la realizas, las promesas van surtiendo efecto, y te enriquecen. ¡Ánimo, que el mundo lo conozca y ame!

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