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10/30/2012 03:06 pm ET | Updated Dec 30, 2012

Aprende a vivir en plenitud y no perecerás

vivir plenitud

¿Por qué escribiría hoy de Dios? Esta pregunta me ha resonado por mucho tiempo en mi cabeza y la he esquivado suficiente y no podía ya tratar de ignorarla, pues cada día era mayor su intensidad y me llevaba a decirme: "¿pero dónde escribo?"; pues lo hacía sólo para mí como algo que me ayudaba, sin embargo, esto ya no me llenaba y en mi interior algo me reclamaba.

Comencé a ver a mi alrededor y me di cuenta cuántas personas vivían por vivir, sin encontrar alguna razón para seguir y resignándose a estar como vegetales. Por otro lado, observé que habían muchos otros luchando por salir adelante, pero que muchas veces no eran felices.

Me encontré con este texto de la palabra de Dios: "Perece mi pueblo por falta de conocimiento", (Os, 4,6). Y entonces me cuestioné muchísimo, porque en la experiencia que tengo, que aunque no es mucha, sí es profunda, veo mi vida y digo: "¡vale la pena vivir!". No soy conformista quiero cada día más y por eso sigo respirando. Me levanto de la cama y trato de sacar el máximo de cada día: con sus altas y sus bajas, las buenas y las que no lo son tanto.

Y así es que me dije: "Hermano Juan Elías si esta vida que has recibido y en la que has descubierto lo maravilloso que es vivirla, ¿cómo puedes dejar que otros perezcan por desconocimiento?". Y no es que las personas no sepan de Dios; lo que sucede es que hay muchos que no han gustado y visto ¡qué bueno es el Señor! No han experimentado su cercanía y su intención de colmarles en totalidad y darles plenitud.

Desde ya quiero agradecerte en nombre de "Aquel que da vida", que te tomes un poco de tiempo para que juntos hagamos un incomparable viaje por el mundo de la vida. Te aseguro que si te atreves a recorrerlo de principio a fin, no habrá nada en este mundo que pueda robarte o expropiarte lo más valioso que tienes y esa dignidad que por mucho tiempo has llevado en un saco, viviendo como mendigo sin darte cuenta de que eres rey, hijo del gran Rey, te hará la persona que siempre has querido ser.

Y cada vez más me convenzo que si adquirimos esta sabiduría de "saber vivir" y pedimos un corazón sensato que calcule lo que es importante y lo diferencie de lo urgente, pero también lo ubique ante lo vital, no habrían días, que aunque grises o incluso negros -así como los blancos y llenos de luz-, en los que al final diríamos: ¡GRACIAS!

Por la gracia de Dios, hoy podré compartir estás meditaciones y te reto a que vivas en plenitud; de modo personal te hago la invitación. Me dirás que no sabes cómo o que has intentado muchas cosas y fórmulas y que incluso pareciera que Dios se olvidó de ti. Entonces, te digo que puedes tener razón en muchas cosas, pero en la medida que conozcas a Dios y no solamente lo que se dice de Él, le comenzarás a amar y eso hará que seas dichoso. A mí me ha sucedido que tengo que compartir su amor porque siento que si no lo hago, ¡exploto!

Sin más, me he decidido a escribirte y en medio de un mundo que ha buscado la realización en tantas cosas y no ha logrado más que insatisfacción a grandes escalas, quise brindarte esta oferta que ha cambiado mi vida y que en realidad llenó todos mis vacíos y hasta hoy colma mis aspiraciones más profundas y las que no lo son tanto, -aunque hoy este tema parece no tener cabida-, me atrevo a alzar la voz fuerte y claro y decirte:

Tú eres importante y hay un plan hermoso para ti y quiero que juntos lo descubramos. No le creas a esos pesimistas, ni sigas diciendo cuán grandes son mis problemas, sino que comiences a decir: Problema, enfermedad, angustia, estrés, tú no eres eterno, ¡ETERNO ES MI DIOS!

Y así como canta una salsa:
"Yo no te pido un salto en el vacío,
yo no te pido apuestes a la suerte,
sólo te pido tiempo en conocerme
".

Y entonces puedas darle la oportunidad a Dios y dártela a ti también, para que a través de este espacio de escritura creas que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengas vida en su nombre (Jn 20,31).

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