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Campamento de refugiados sirios se torna ciudad

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Por KARIN LAUB y MOHAMMED DARAGHMEH | November 1, 2013 11:11 AM EST | AP


CAMPAMENTO DE REFUGIADOS ZAATARI, Jordania (AP) — El administrador del mayor campamento de refugiados sirios en la región organiza figuras de juguete, camiones y casas en un mapa en su oficina con el fin de ilustrar su ambiciosa visión para el futuro.

En un año, dice, quiere convertir este caótico campamento de 100.000 personas en una ciudad temporal con concejos locales, calles pavimentadas, parques, una red de electricidad y drenaje.

Zaatari, un campamento en el desierto cerca de la frontera jordana con Siria, está lejos de ese ideal. La vida es dura allí. A menudo los más fuertes le roban a los débiles, las mujeres temen ir a los baños colectivos por la noche, las aguas albañales corren entre los remolques prefabricados y los niños buscan ganarse algunos centavos llevando bienes en carretillas, en lugar de ir a la escuela.

Pero en momentos en que la guerra civil siria está en su tercer año, los más de dos millones de sirios que escaparon de su país necesitan soluciones a largo plazo, dijo Kilian Kleinschmidt, que administra Zaatari para la agencia de refugiados de la ONU.

"Estamos estableciendo una ciudad temporal, mientras la gente tenga que estar aquí", dijo Kleinschmidt, un alemán de 51 años. El veterano de zonas de conflicto está recibiendo ayuda de planificadores urbanos de Holanda.

Muchos residentes de Zaatari reconocen, aunque con reticencia, que es improbable que puedan regresar pronto a su país.

"Al principio contábamos (el exilio) en meses, después en años, y ahora quizás en décadas", dijo Khaled Zoabi, un hombre de unos 60 años que bebía té y fumaba con otros refugiados en un remolque convertido en club social para hombres.

Los indicios de que los refugiados están echando raíces están por todas partes, apenas 15 meses después que Jordania abriese el campamento.

Muchas tiendas de campaña han sido reemplazadas con remolques, algunos de los cuales tienen antenas de satélite instaladas en los techos. Los refugiados han abierto centenares de negocios, en los que ofrecen desde lavado de ropa y cortes de cabello hasta dulces recién horneados y café molido. El campamento tiene tres escuelas, dos hospitales y una clínica de maternidad.

Las noches son frías en el desierto y las dos mantas que reparte la ONU por persona son insuficientes. Kleinschmidt espera mudar a más refugiados de las tiendas de campaña a los remolques antes del invierno.

El pan es gratis, al igual que el arroz, las lentejas y el trigo. Cada persona recibe cupones alimenticios cada dos semanas con el fin de que compre huevos, leche y pollo y otros comestibles en mercados que los aceptan.

Los refugiados han creado su propia economía, pero las reglas son turbias. Han surgido pandillas que controlan algunas de las transacciones, incluido un mercado negro de suministros de la ONU, dijo Kleinschmidt.

Los residentes del campamento ganan dinero proporcionando bienes y servicios, desde la venta de repostería casera hasta niños que adivinan la suerte en tazas de café.

La economía local recibe inyecciones de dinero de efectivo que los refugiados consiguieron traer consigo, o que les es enviado por familiares o que obtienen al asociarse con jordanos para realizar negocios.

Además, el campamento emplea a 1.500 limpiadores, los cuales cobran un dinar la hora. Los empleos se rotan cada dos semanas. Líderes comunales instaurados por residentes eligen quiénes reciben esos puestos de trabajo. Muchos se quejan de que hay favoritismo.

Ningún refugiado es dueño de la tierra, pero la venden, especialmente lugares en el mercado en el centro donde las líneas de puestos de venta forman lo que los residentes llaman Calle Principal y Calle Saudí. Los negocios allí son vendidos y comprados a un costo de centenares de dinares.

Han surgido clases sociales, y los mercaderes más acaudalados viven con cierto lujo.

Las peleas y acuchillamientos eran comunes hace unos pocos meses, pero han disminuido, indicó Kleinschmidt.

El funcionario, que previamente ha trabajado en Somalia y Pakistán, dijo que Zaatari ha sido su asignación más difícil. Cuando llegó en marzo, "parecía abrumador, por el nivel de violencia. Ya no es así".

Zaatari sigue siendo como una favela, donde los fuertes dominan. Pero los líderes comunitarios tradicionales están comenzando a consolidarse por encima de los delincuentes, dijo.

Kleinschmidt está comenzando a establecer concejos de barrio en los 12 distritos del campamento, donde las autoridades jordanas, la policía comunitaria y los refugiados acudan a lidiar con los problemas locales.

El jefe del campamento está colaborando con la Asociación de Municipalidades de Holanda con el fin de establecer un plan para Zaatari, que incluiría el autogobierno, una red de electricidad y sistemas de agua y desechos, mas calles pavimentadas e incluso áreas verdes. En algún momento, los residentes con ingresos deberán comenzar a pagar por los servicios que reciben.

"Eso les da el poder de devolver algo como personas responsables y dignas, y se reduce el síndrome de dependencia", dijo.