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02/19/2013 03:07 pm ET | Updated Apr 21, 2013

Homofobia en el fútbol, ¿por dónde comenzar?

robbie rogers

Hablar de homofobia en el fútbol es un tabú. Es un tema que hiere susceptibilidades, principalmente, porque se considera quisquilloso concentrarse en él. La reciente emisión de Sin Filtro -una mesa de debate universitario que se transmite por Foro TV los domingos por la noche- abordó dedicó su último bloque a la intolerancia y discriminación en este deporte. Aunque la discusión fue corta (no más de 10 minutos), contó con la participación de dos voces interesantes que vale la pena rescatar.

Por un lado, el moderador del programa, Genaro Lozano, es un politólogo que ya ha expresado con anterioridad su preocupación con el fútbol como un espacio de discriminación. En julio de 2011, Lozano cuestionó en una columna en El Universal prácticas como los gritos de "¡puto!" en la tribuna hacia los porteros rivales, y su rol en la naturalización de la homofobia:

Miles de personas utilizan una palabra cargada de odio, de intolerancia, sexismo y misoginia. Porque puto en el sentido más usado denota un desprecio a las orientaciones-preferencias sexuales distintas a las heterosexuales. Porque puto denota en esos gritos la conducta de un hombre que "no juega virilmente", de un "hombre que no merece estar en la cancha" porque no tiene la "suficiente hombría" para defender el balón, de un contrincante que es reducido a una "categoría de inferior", de afeminado, como si no hubiese dentro del futbol una categoría de futbol femenil que cada vez más se populariza como deporte y como si no existieran en todo el mundo grupos de homosexuales que juegan al futbol de manera no profesional y profesional, como el caso del TriGay en México.

Otro de los involucrados en el debate fue Andoni Bello, capitán del "Tri Gay", un combinado nacional no profesional compuesto por jugadores homosexuales. El equipo ha competido en distintos torneos, como el Campeonato Mundial de la Asociación Internacional de Fútbol Lésbico Gay (IGLFA), celebrado en 2012 en la Ciudad de México. Durante el programa, Bello señaló dos puntos centrales: primero, el papel de la Federación Mexicana de Fútbol en el combate a la homofobia; segundo, el apoyo que otorga dicha institución a organizaciones como el Tri Gay.

En el primer punto, Bello señaló que la FMF sí destina recursos de la Liga MX para la promoción de campañas sociales como la detección temprana del cáncer de mama o el combate a la obesidad. ¿Puede entrar la homofobia en estos objetivos? Claro que sí. El fútbol es un poderoso vehículo social. En ese sentido, la Federación sí tiene la facultad de apoyar activamente en esta tarea. Sin embargo, tampoco debe perderse de vista que el ejercicio de la FMF contra el cáncer de mama se da en octubre, en el marco de un esfuerzo global para combatir la problemática. Lo mismo con la campaña contra la obesidad, coordinada por la Secretaría de Salud federal. Es decir, la Federación apoya a este tipo de iniciativas, pero éstas son coordinadas primero por otros actores.

En el segundo punto, Bello habló sobre el apoyo que recibe el Tri Gay. ¿Tiene obligación la FMF de financiarlo? No. La Federación Mexicana de Fútbol depende de la Confederación de Fútbol de Norte, Centroamérica y el Caribe (Concacaf); la cual, a su vez, depende de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA). ¿Qué quiere decir? Que mientras el financiamiento de otras disciplinas deportivas proviene de fondos del gobierno (por ejemplo, la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte), el fútbol sostiene su organización de una manera alterna, mucho más vinculada a lo empresarial que a lo público.

Específicamente en el caso del Tri Gay, se trata de una asociación civil (Selección Mexicana de Fútbol de la Diversidad TRIGAY A.C), cuya gestión se hace de forma independiente. Ha buscado comercializarse para continuar con sus labores, con marcas como Gatorade y Nike. En Sin Filtro, Bello indicó que estas empresas han rechazado ser patrocinadores de dicha selección, bajo el argumento de que no les interesa el segmento de mercado que representan. El esfuerzo que hace el Tri Gay es encomiable como para la visibilidad para una comunidad, así como otras campañas sociales. Por ejemplo, Bello busca emular lo que hace Grassroot Soccer en África, aprovechando el deporte para combatir el contagio del VIH.

Es posible detectar un ambiente viciado. La Federación puede ayudar a combatir la homofobia, pero elige no hacerlo, porque no hay presión (ni gubernamental ni social) para hacerlo. Hay organismos que quieren ayudar (como el Tri Gay), pero carecen de la capacidad económica para hacerlo. Existen anunciantes que podrían financiar, pero no les interesa; por tanto, tampoco resulta atractivo ni redituable para el fútbol profesional. A este escenario hay que sumarle la naturalización de la homofobia -como expone Lozano-, en la que el insulto se convierte en código habitual y se mantiene la discriminación como un componente tácito, invisible (o peor, considerado inofensivo) por los aficionados.

En otros países, la situación no es mejor. Pese a que existen esfuerzos internacionales como la campaña Kick It Out en Reino Unido, el problema está muy encarnado. Prácticamente no hay futbolistas que se declaren abiertamente homosexuales: el último fue Robbie Rogers (FOTO), jugador estadounidense que militaba en el Leeds United. Rogers se declaró gay ante la prensa el 16 de febrero, anunciando a la par su retiro de las canchas. Incluso quienes han mostrado su apoyo, como el arquero alemán Manuel Neuer, terminan siendo estigmatizados: al portero lo consideran gay, aunque nunca lo ha admitido públicamente; un pensamiento que refleja que al aficionado al fútbol le es difícil entender que un heterosexual apoye la diversidad sexual.

Como práctica cultural, el fútbol se encuentra muy rezagado en su respeto por las orientaciones sexuales, repleto de ideas atávicas. "A ellos [los aficionados] les importa es el rendimiento del jugador, no sus preferencias sexuales", señaló Neuer en una entrevista. Por desgracia, el silencio dentro de las canchas y los gritos en las tribunas no le dan la razón al cancerbero alemán. Así, el tema de la homofobia en el fútbol es una madeja enredada a la que no se le halla principio ni fin. ¿De dónde debe venir el esfuerzo principal? ¿De los gobiernos? ¿De las federaciones de fútbol? ¿De los mismos jugadores? ¿De los medios? No es que no exista la intención de diferentes actores, pero ¿por dónde comenzar?

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