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11/14/2012 12:47 pm ET | Updated Jan 14, 2013

El perdón es un proceso

perdonar

De todas las lecciones que tenemos que aprender como seres humanos, pienso que el perdón es la más importante, por eso nos cuesta tanto. Una vez que podemos perdonar, la compasión, la humildad, la tolerancia y hasta la paciencia se hacen posibles.

El perdón es un proceso. Quizás ésta sea una verdad que debemos tener presente cuando decidimos perdonar si queremos aliviarnos de esa angustia incómoda que nos llega cuando queremos perdonar, pero no podemos. Puede que ocurra en un momento, pero esto no es lo habitual.

Desarmar algo suele llevarnos menos tiempo que el que dedicamos a construirlo, pero igualmente toma su tiempo. Podemos tirar todo con un golpe, pero el caos que originaria no nos aportaría paz. Y tendríamos algo más con lo que cargar.

El perdón conlleva una sucesión de momentos en los que nos vamos liberando de los juicios, de la ira y de la necesidad de que las cosas hubieran sido diferentes.

Al perdonar, estamos aceptando que no pudimos hacer nada más en ese momento, que lo que ocurrió fue tal como ocurrió y que lo que nos mantiene enojados, en el fondo, es nuestro ego herido que no resiste haber perdido una batalla, que no pudo imponer su razón o que las cosas no fueron como las tenía previstas.

En esta dimensión donde reina el miedo, liberarnos de él en todos estos formatos nos toma un tiempo. No mucho, pero el suficiente para asegurarnos que estamos liberando el miedo y no maquillándolo con otros colores que nos molestan menos, pero que seguirán allí, maquillados.

El perdón es un proceso y también una elección. No podemos perdonar a la fuerza, ni por conveniencia, ni a pedido de nadie. Perdonamos cuando honestamente lo deseamos hacer, cuanto estamos listos y cuando entendemos, de verdad, que es la mejor opción. Perdonamos cuando estamos deseosos de estar en paz, más allá de todo.

¿A ti te cuesta trabajo perdonar?

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