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07/18/2013 01:43 pm ET Updated Sep 17, 2013

Nelson Mandela: Lágrimas por mi maestro

nelson mandela

Pocas veces a lo largo de mi vida profesional y personal, un personaje público tuvo tanto impacto sobre mí como Nelson Mandela. Quizá ese fue el motivo principal por el que me sentí tan feliz el día que me anunciaron que viajaría a Sudáfrica con motivo del mundial de fútbol del 2010. Más aún, cuando el objetivo de ese periplo, no era solo enfocarse en los estadios sino en dar a conocer a nuestro público una visión más genérica de uno de los países más mágicos, generosos y hermosos que haya visitado.

Por dos ocasiones viajé de punta a punta para descubrir la esencia de esa tierra naranja como el fuego que tantas lecciones esconde. Y por supuesto, el gran objetivo de mi viaje era llegar a mi héroe, el hombre que con su vida logró forjar el destino de Sudáfrica. Tras meses de negociación, nuestro productor Shukri Toffi, por conexiones personales, confirmó un breve encuentro en su casa de Cape Town, pero no la entrevista.

Su delicado estado de salud ya era demasiado visible en esos días, aunque sus más cercanos colaboradores trataban de disimularlo. No se permitían cámaras ni fotos. Únicamente nos llevaríamos la satisfacción personal de haber estrechado la mano de un verdadero símbolo de la lucha racial.

Un solo hombre que con sus valores y sacrificios logró encarnar la victoria sobre la fuerza, la esperanza sobre la resignación y la vida....sobre la servidumbre. Nos recibió sentado y en los pocos minutos que estuve frente a él nunca borró sus sonrisa. Me asomé a sus ojos cansados y admiré su fortaleza, su disciplina, su inteligencia y su humildad.

Pude comprobar que todo lo que había leído sobre él, a las personas que había entrevistado, los lugares que había recorrido para saber más de su historia, estaban tras esa mirada. Porque Nelson Mandela nació para ser líder, para que cada una de sus palabras se convirtieran en las mejores armas contra el nepotismo y la tiranía. En su destino, ya estaba marcado desde su infancia que sería uno de los hombres más aclamados y admirados del planeta.

Siendo niño solo vivió la Sudáfrica de sus padres y su aldea. La de las sociedades matriarcales que tanto imperaban en el país y alejado de la presencia de los Afrikaans, los colonos blancos que habitaban en las grandes ciudades. A la muerte de su padre, con solo 9 años, la propia vida le hace su primer guiño al ser adoptado por el "Rey de la Aldea". Así cambió su destino. Desde el nombre que el Rey le da como hijo: "Justicia" y que sería una de sus grandes búsquedas.

En su Mirada perdida, puedo imaginar el sentimiento tan contradictorio de dejar la aldea para ser enviado a estudiar derecho a la única universidad donde los negros podían hacerlo. El miedo de negarse a regresar para casarse con la mujer que su padre le había elegido y la ilusión de subirse al tren de la libertad hacia Johannesburgo.

Sus manos son firmes como sus convicciones, como su eterno ideal de conseguir que en un país donde el color de la piel marca el destino de cada uno, llegase el día en que todos fuesen iguales. El sueño de vencer con la razón ese régimen de miedo, poder y perturbada ideología de supremacía racial por la que un 20 por ciento de la población blanca era capaz de someter al 80 por ciento de un pueblo autóctono bajo el uso de la fuerza.

Comenzó la lucha contra la opresión, sin violencia y buscando la unidad de su pueblo, sin dejarse amedrentar por las circunstancias. Quizá por eso puso su primer estudio de abogados para negros frente al Tribunal Supremo donde solo ejercían blancos.

Siempre fue un líder espiritual, porque su espíritu indomable fue el que le permitió emprender una revolución pacifica que derribaría fronteras, arrastrando conciencias y multitudes. Por eso y a pesar de que las condiciones en el país se hacían cada vez más insostenibles, crea un brazo del Congreso Nacional Africano (CNA) el movimiento libertario que acabaría en el poder, para comenzar en la clandestinidad su intento por acabar con la tiranía.

En aquel momento, los blancos habían impuesto que los negros debían llevar salvoconducto . Fueron obligados a dejar sus hogares y ser replegados a suburbios vigilados de los que solo podían entrar y salir en sus autobuses y asistir a sus escuelas, hospitales o mercados. Saltarse las reglas podía significar su vida.

En las elecciones tampoco podían votar pero el CNA comienza a impulsar campañas de protesta , de desafío a una Sudáfrica africanista en pro de una Sudáfrica no racial. Desde la clandestinidad, las palabras de Mandela no pueden ser más firmes: "Los sudafricanos necesitan una libertad basada en un principio, en un voto, todas las razas caben en este país".

Acusado de intento de provocar una huelga general es condenado a 5 años de prisión.

Mientras está en la cárcel, detienen a todos los dirigentes del CNA y es condenado por intento de golpe de estado. El mundo se moviliza y en el intento por acallar su voz nace el líder. Logra salvar su vida pero es condenado a cadena perpetua, convertido en el preso 46663 y deportado a Roben Island en la bahía del Cabo.

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Un lugar siniestro en el que nada más poner mis pies , pude sentir la sombra de miles de presos muriendo por las inclemencias del tiempo, la falta de atención médica, los trabajos forzados y las torturas.

Mi cicerone no podía ser más simbólico, el compañero de Mandela, Joe Mathews. Sentados en el suelo de la celda ,tan pequeña que con los brazos abiertos tocas ambas paredes, tuve una de las charlas más emotivas de mi vida.

Aún recuerdo los ojos llenos de lagrimas de ese hombre contándome como lograban sobrevivir y su estupor cuando le pregunté si nunca pensaron en huir. Su respuesta resume sus valores: "Si hubiésemos escapado nos verían como delincuentes y nosotros somos presos ideológicos".

Me contó su enojo con Mandela cuando este le propuso estudiar el Afrikaans y como le convenció para entender que "ellos eran los generales de su bando pero para ganar la Guerra necesitaban saber como pensaban los generales del otro bando". Mirando por los barrotes de la ventana entendí la inspiración de su famoso poema: " Aquí en la noche que me cubre, oscura como el abismo , agradezco a los Dioses que pueda ver por mi alma inconquistable, Al caer en la trampa de las circunstancias, no he sollozado ni he gritado, bajo los golpes del azar mi cabeza sangra pero está erguida. Más allá de este lugar de furia y llanto aguardan los horrores en la sombra y aun si la sombra de los años me encuentra, me encontrara sin temor. No importa cuan grande sea la reja, cuan cargado de castigo el decreto, soy el amo de mis destino, soy el capitán de mi alma".

Fueron años de dolor separado de sus seres amados pero en comunión con sus ideales: "He acariciado el ideal de una sociedad libre y democrática en la que todas las personas puedan convivir en armonía e igualdad de oportunidades. Estoy dispuesto a morir por ese ideal". Su mensaje se convirtió en su bandera , y su lucha desde Roben Island, la causa de millones de personas en todo el mundo que se manifestaban para exigir su libertad.

Desde Naciones Unidas, muchos gobiernos comenzaron a presionar a Sudáfrica imponiendo incluso un embargo económico. El gobierno sudafricano no podía seguir haciendo caso omiso a los reclamos y el Presidente Botha se ve obligado a anunciar que liberaría a Mandela si este renuncia a su lucha.

Por primera vez en 21 años y como respuesta, el pueblo escucha un mensaje de su líder, leído por su hija: "Solo pueden negociar los hombres libres, los presos no pueden pactar. No puedo ni voy a comprometerme a nada hasta que no sea libre. Mi libertad y la vuestra son una".

Con 71 años y el futuro de Sudáfrica sobre sus hombros en febrero de 1990 es liberado. El mundo lo reconoce como jefe de estado, mientras comienza una larga y sangrienta negociación para delinear la transición democrática. Mandela pide no responder con sangre a las brutales represiones que solo serían consideradas una excusa para mantener el apartheid.

La impresionante ovación de seis minutos en su primera presentación en el estadio de Wimbledon ante cientos de miles de personas hablan por si mismas. Una sola raza de diferentes colores gritando su nombre entre aplausos infinitos. No había duda, Nelson Mandela era admirado y el mundo se ponía a sus pies.

El 27 de abril de 1994, se concede por primera vez a todos los Sudafricanos la oportunidad de votar en unas elecciones democráticas libres. Mandela es elegido Presidente. Los máximos líderes internacionales asisten a su toma de posesión y su discurso de aceptación marcaría el tan anhelado rumbo: " Yo, Nelson Mandela juro fidelidad a la República de Sudáfrica. Nunca, nunca, nunca jamás volverá a vivir este hermoso país la opresión del hombre por el hombre".

Su vida ha sido un ejemplo de lucha por la consecución de un sueño. Con paciencia, sin egoísmos, con humildad, con una increíble inteligencia que le llevó a poner en marcha grandes estrategias.

En su primer gobierno, llegó a nombrar como ministros a sus más acérrimos enemigos "para poder vigilarlos de cerca" y en la Copa Mundial de Rugby, un deporte del apartheid solo de blancos, decidió entregar la copa rompiendo barreras, y convirtiéndose por siempre en el jugador 16.

Desmond Tutu, al que también tuve la oportunidad de saludar en Johannesburgo me contaba que siempre sabía responder. El cardenal que visualizó Sudáfrica como el país del Arco Iris, me confesaba entre risas, que cuando Mandela comenzó a usar esas camisas étnicas de colores tan estridentes, le preguntó porque llevaba algo tan "abominable" y su respuesta fue rápida: " Muy gracioso viniendo de un hombre que lleva vestido en público"....

Ese es Mandela. El hombre que logró el objetivo de crear una de las cartas constitucionales más democráticas del mundo pero perdió el contacto con su familia durante el proceso. El verdadero líder que en el apogeo de su vida política, decidió retirarse de la vida pública y entregar el poder con la satisfacción de haber cumplido un sueño, rodeado del amor de los suyos.

Hoy y a pesar de que su vida se extingue en un hospital de Pretoria, Mandela cumple 95 años en medio de incontables muestras de cariño. El 18 de julio ya ha sido declarado por Naciones Unidas el "Mandela Day" y en Sudáfrica, 8 millones de estudiantes sudafricanos unieron sus voces para entonarle al unísono el "Happy Birthday" desde diferentes partes del país. Un dia agridulce de llanto y risas en el que asoman lagrimas por mi maestro.