THE BLOG
02/09/2015 02:52 pm ET | Updated Apr 05, 2015

Guía rápida para el activista de sillón

Fakhri-sa via Getty Images

Desde sus inicios, las comunidades en internet utilizan su poder de convocatoria para hacer realidad los deseos de algunos inconformes, que en estos tiempos tan revueltos y digitales, cualquiera confunde con activistas.

La red social es un caldo de cultivo para un sinnúmero de movimientos, pero para que alguna se convierta en una realidad o tendencia, se necesita algo más que voluntad. Primero, es esencial poner en duda todo, hasta la verdad misma, sea cual sea que fuera.

En la red, lo "in" es dejarse leer como un revisionista de la realidad para hacerse pasar como librepensador, actitud que generará un nombre y seguidores que, a diferencia del creador, no cuestionarán nada de lo que se escriba o comparta en internet.

Ya con cierta fama "online", el siguiente paso es especializarse, escogiendo de entre sus fobias o demandas la más popular y colocarle un prefijo o sufijo que denote molestia: feminismo, machismo, priísmo, islamofobia, "lady", "gentleman"... el caso es centralizar los "tweets" bajo una máscara simpática y contestaría que "jale" simpatías en las redes sociales, siempre ávidas de un movimiento social de moda.

Con la intención personal y queja bien determinada, viene el trabajo de campo en Twitter y Facebook, como compartir noticias afines a nuestra fobia digital e infiltrarse en los "hashtags" populares para conseguir notoriedad. Esta etapa es el filtro para detectar si el movimiento funcionará, pues si no se generan simpatías en el corto plazo, es mejor regresar y replantearse el movimiento.

Dentro del tercer paso también tenemos el trabajo intelectual para el creador de la corriente crítica, pues aunque las redes sociales son fáciles de engañar, esta ilusión no dura mucho, por ello nuestro inconforme-activista debe estar preparado para responder a las críticas por su posición contraria al "establishment", lo que además redundará en mayor respeto por parte de sus seguidores.

Como en toda historia de ficción, se necesita a un villano por ello, nuestro "twittero" debe encontrar una encarnación de la fobia que dé vida al movimiento: el Estado, el Peje, el presidente, "los pirrurris", los "poderes fácticos", "medios tradicionales"; y centrar en ello sus mensajes en las redes, dejando que las "perversas" acciones de sus enemigos dicten, sino la agenda, sí la reacción y punto de partida del activismo.

El último paso es ejemplo del buen liderazgo que nuestro usuario inconforme ya debió lograr: delegar. Si bien en la red es necesario estar pendiente de lo que uno crea, dice o hace, en este tipo de movimientos no está de más permitir que alguno los seguidores "de hueso colorado" comparta la responsabilidad de perpetuar el desarrollo de la tendencia, pues esto dará aire fresco a los "tweets", y consolidará una imagen de benévolo líder.

Al terminar, ¡felicidades! Ya es usted un activista de sillón.