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01/25/2013 03:22 pm ET Updated Mar 27, 2013

El sexo en la vejez

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pareja vejez

Alberto Cortez es un gran cantante y un gran poeta de la canción. Como bien recomendaba Sigmund Freud, el padre de la psicología, cuando no entiendan los aspectos psicológicos de algo, vayamos a los poetas.

Esta canción y una película española que no ha llegado por este lado del continente y que tuve la dicha de ver en Alicante, durante un congreso de sexualidad, son los dos géneros del arte que mejor explican el sexo en la vejez (al menos los que yo he tenido la dicha de disfrutar) y nuestros grandes tabúes frente a este derecho de los envejecientes, el cual negamos constantemente. La canción que se llama FLORES DE INVIERNO, dice:

"Los vieron irse corriendo como dos niños traviesos, caminito de la playa empujados por el viento. Ella agitaba la falda como una paloma en celo, y él se reía olvidado de fatigas y desvelos".

El amor y el sexo devuelven los deseos de vivir y hace que nuestros ancianos se sientan jóvenes, con ánimo y lo más importante: menos solos, algo que tristemente los acompaña, sobre todo en Estados Unidos, donde el trabajo es tan fuerte... Lo preocupante es que ya es así en nuestros países también.

Los hijos y la sociedad dicen que es una vergüenza que los abuelos tengan una vida sexual activa, según ellos la gente de edad debe olvidarse de esa parte tan importante de la vida...

"Qué vergüenza, qué vergüenza clamaron los fariseos.
Qué vergüenza, qué vergüenza la buena gente del pueblo,
hay que llamarlos al orden para que guarden sosiego,
encerrarlos si es preciso, para que sirva de ejemplo.

Pero ellos sólo escuchaban la voz de los sentimientos
y entre caricia y caricia, el amor hacia su juego.
El sostenía el timón de la barca de los sueños
y ella tendida en la arena era doncella de nuevo.

Qué vergüenza, qué vergüenza, qué vergüenza santo cielo,
qué vergüenza, qué vergüenza todos juntos repitieron.
Hay que salvar como sea la moral de nuestro tiempo,
esos dos están llamando a las puertas del infierno.

Regresaron sin apuro de la mano y en silencio,
Veinte años en el alma y muchos más en el cuerpo.
Al llegar los sometieron a la prueba del espejo,
para que no se olvidaran, que tan sólo eran dos viejos.

Qué vergüenza, qué vergüenza, lo que han hecho los abuelos,
qué vergüenza, qué vergüenza, qué descaro, no hay derecho.

En corrillos comentaban los eternos fariseos,
las comadres y beatas, la buena gente del pueblo".

Hay dos cosas importantes a destacar, una es el afán de la sociedad de creerse que la gente de edad no tiene derecho a disfrutar de su sexualidad, que como bien dice la hermosa canción, los hace volar y sentirse que viven y la otra es el bendito chisme, las benditas "reglas morales" que más que beneficio dan dolores de cabeza y culpa.

No abogo por una sociedad sin reglas, sino por una sociedad de seres humanos pensantes que revisen sus reglas y las adecuen a los tiempos que estamos viviendo, a los conocimientos científicos actuales y se cuide que esas "reglas" realmente aporten el ser humano y no que lo limiten.

Creo que todos los viejevos deben no sólo oír esta canción, sino practicarla, olvidándose de lo que diga "la buena gente del pueblo". ¡Un BRAVO a Alberto Cortez, eso es verdadero arte!

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