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12/03/2012 10:59 pm ET Updated Feb 02, 2013

El Calero de Miguel Angel (VIDEO)

miguel calero

Si los escultores del renacimiento se hubieran inspirado en el futbol, el modelo seguramente habría sido Miguel Ángel Calero Rodríguez. Fue esculpido con el cincel de la ardua rutina de veneración al cuerpo humano. Sobresalió 190 centímetros de la superficie terrestre. Y acabó siendo uno de los miembros más destacados de ese extraño grupo de solitarios que resguardan el área del gol en la liga mexicana.

Nacido en el centro del Valle del Cauca, en 1971, pasó más de la mitad de su vida en el futbol de gran cartel. Superó los 350 partidos jugados en su estadística personal, en donde también se registran algunos goles a favor. Desde Barranquilla hasta Pachuca voló por los aires y montó el Show de su vida.

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El colombiano llegó a México hace una década. Demostró con futbol su valía y quiso pagarle al país en donde ha escrito las páginas más exitosas de su historia con la naturalización.

Calero fue un toro según los astros. Nació un 14 de abril. Miguel fue bravo, con trapío y embistió con nobleza al adversario que quiso profanar su meta. Fue un guardameta temerario. Un ser humano, con errores y aciertos. Con sangre en las venas que le llenaron un corazón que bombeó con potencia descomunal. Tanto que a veces su torrente sanguíneo lo puso en los límites que le hicieron reflexionar sobre el mañana.

El arquero de los Tuzos levantó copas de liga cada tres años, en promedio, tomando en cuenta que la primera fue en 1996. Con Colombia fue campeón de América en 2001. Y se convirtió en artífice de memorables triunfos internacionales con su club, como aquella copa sudamericana ganada en Santiago de Chile en el 2006.

Fue un hombre decisivo. Un futbolista importado con un sentido legado en Pachuca. Buscó reinventarse cada día. Se retiró con honestidad cuando dijo que no sería ético jugar con 40 años encima. Su vida después del futbol la dedicó a entrenar a los guardametas tuzos. Discreto, honorable, respetuoso de los tiempos. Pero con su corazón latiendo siempre, creando ese torrente salvaje de sangre que se lo llevó a otros lugares tan lejanos que sumen a todos aquellos que le vieron jugar en la nostalgia de un adiós prematuro. Así como se ha ido, le recordaré como una escultura que obliga a asociar al arte con el futbol.

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Fotos de Miguel Calero
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