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05/01/2015 12:23 pm ET Updated May 01, 2016

La sociedad postracial es un mito

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Otra ciudad estadounidense se ve envuelta en disturbios por estos días. La muerte de un joven afroamericano a manos de la policía ha enfurecido a una parte importante de la población en Baltimore que se ha manifestado violentamente. La amiga y colega Odette Casamayor-Cisneros, de la Universidad de Connecticut, nos ayuda a entender lo que está sucediendo.

¿Qué piensas, como madre, de la forma en que Tonya Graham castigó a su hijo?

La violencia de la reacción de Toya Graham, como ella misma explicó después en la entrevista que le realizaron, es resultado de su ofuscación al ver al hijo en peligro. Es esta una expresión del terror visceral que recorre a las comunidades negras marginadas: miedo al aparato represivo, el encarcelamiento, a morir como Freddy Gray. Si la reacción de la Sra, Graham es considerada desde la perspectiva de su miedo, se comprende como esta reacción constituye una denuncia más de la opresión sistémica en que viven estos sectores sociales.

La imagen ha recorrido el mundo...

Lamentablemente, esta escena fue captada y trasmitida por los medios, donde la interpretación ha sido dominada por lo grotesco. Recubriendo lo incomprensible -o lo que no se desea comprender- lo grotesco posibilita evitar el autocuestionamiento y la posible aceptación de la responsabilidad ciudadana en la situación actual de los sectores más desposeídos y marginados de la sociedad.

¿Cómo crees que se pueden prevenir acontecimientos como los de Baltimore hoy y Fergunson hace unas semanas? No sólo en el lado de la comunidad afroamericana sino de parte de la policía...

Creo que, primeramente, la policía y toda la sociedad norteamericana han de aceptar su responsabilidad en el cada vez más intolerable abandono de las comunidades pobres. En el caso de los afroamericanos el problema se agudiza por la desconfianza de la justicia y de las llamadas fuerzas del orden, de naturaleza histórica y acrecentada en la actualidad. Vivir aterrorizados por la policía y en permanente asedio es parte de la experiencia cotidiana de los negros de hoy y en el pasado. La vida negra en las Americas ha estado signada por la violencia: esclavitud, segregación, linchamientos no han desaparecido de la memoria y la experiencia diaria de los afroamericanos. Y ese legado de opresión y desconfianza se reactiva cada vez que la sociedad permite que sucedan impunemente hechos como las muertes de Eric Gardner, Michael Brown y Freddy Gray, entre muchos otros.

odette

Pero ¿puede decirse que lo que pasa en Baltimore sea únicamente racial?

Los sucesos de Baltimore, hemos de comprender de una vez, no son esencialmente raciales (la alcaldesa, Stephanie Rawlings-Blake, es negra, y la policía, contrariamente a lo que ocurre en la mayoría de las ciudades norteamericanas, cuenta con numerosos oficiales negros. Las revueltas de Baltimore acarrean en cambio la crítica a un sistema que posibilita la consistente reproducción de ciertas injusticias y privilegios -el llamado privilegio blanco incluido. Depende de la sociedad, ahora, si aprovecha o no estos acontecimientos para propiciar un saludable y necesario debate y la reconsideración de sí misma.

¿No se suponía que con la elección del primer presidente afroamericano se había pasado página y el país había alcanzado una nueva etapa en el tema racial?

La idea de la sociedad postracial es, según se le utilice, un cómodo mito, una invención política, un alivio sobre la conciencia de aquellos que no están dispuestos a reconocer la existencia de un privilegio -fomentado a través de los siglos- del blanco sobre el negro. El racismo no se elimina ni eligiendo un presidente negro. Menos aún acomodándose en una ilusoria superación de la desigualdad racial.

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