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01/09/2013 10:42 am ET Updated Mar 11, 2013

Las historias que nos contamos

historias

Estamos repletos de historias. Algunas versiones de historias vividas, otras inventadas, otras que ni siquiera sabemos muy bien cómo ocurrieron pero que por pura especulación le escribimos un capitulo para poder, de alguna manera, ser protagonistas. Esas historias son las que nos complican la vida.

Al observarnos, podremos comenzar a escucharnos. Y escucharemos las historias. Cuando decidimos ir a algún lugar, automáticamente se dispara la historia de cómo ocurrirá todo. Si estamos frente a una persona, se activa la historia de esa persona, a veces sin que sepamos quién es realmente. En segundos lo tenemos resuelto. Evaluamos, comparamos, juzgamos y condenamos a velocidad de la luz. Y en base a esa historia es que construimos nuestra historia con el mundo. ¿Se han imaginado un planeta donde nadie vea lo que es, todos inventen su propia versión y traten de comunicarse y llevarse bien? Ese es el nuestro. Y debo decir que demasiado bien vamos para la locura que representa este juego de especulaciones.

Pero hay una sola historia que nos interesa si queremos jugar al juego más fácil. Es la nuestra.

Por eso, cuando nos observemos, hagamos silencio y empecemos a escuchar las historias que nos contamos. Lo que nos contamos de las personas que nos rodean y las que ni siquiera conocemos. Por ejemplo, nos contamos historias de musulmanes quizás sin conocer alguno de ellos. O quizás sólo conocimos uno, pero uno no hace la historia de todos. Así nos pasa con las personas más cercanas también. Una actitud negativa de alguien, lo convierte en una persona negativa. Y nos contamos esa historia para siempre. O con nosotros mismos. Si alguna vez hemos errado, nos contamos la historia del fracasado. Y nos quedamos en esa historia.

Observarnos. Escuchar nuestra historia. Reconocer que es sólo una historia. Y que las historias, son sólo historias. Porque cuando las creemos, las creamos. Y allí es más largo el camino para desandar. Comencemos escuchando nuestras historias. En silencio, escuchándonos.

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