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12/04/2012 06:16 pm ET Updated Feb 03, 2013

90 minutos con Jorge Hank Rhon

hankrhon

Nos incrustamos en el equipo de prensa de Jorge Hank Rhon con el propósito de dialogar con el polémico personaje, dueño de los Xoloizcuintles mientras veía el Juego de Vuelta en la final del Apertura 2012. Hank Rhon ha convertido a los Xolos de Tijuana no solo en la sensación, sino en un campeón indiscutible en el futbol mexicano. Así que nos sentamos justo en la butaca frente a él para observar discretamente sus reacciones durante el partido y conversar a ratos.

De pelo largo y barba tupida, Hank Rhon vestía su camiseta de juego, cubierta por un chaleco de mezclilla pintado con los colores del equipo, así como con el logo de sus Xolos cosido a la altura del corazón. Su única condición: nada de política. Cero política para un político que ha vivido toda su vida en la política. Cero política para el heredero de una de las dinastías icónicas del priísmo más acendrado, hoy que el PRI regresa al poder. Cero política para este político, surgido del llamado "Grupo Atlacomulco" del Estado de México, que hoy se mete a La Bombonera mexiquense vistiendo la camiseta de otro equipo.

En política, dicen, la forma es fondo. Y como no podíamos preguntarle sobre el fondo, y Hank respondía como el político que es, nos limitamos a observar la forma. Jorge Hank Rhon vivió hoy, en esta final y con este campeonato, el momento más importante desde que inició su incursión en el futbol mexicano en 2006, y lo vivió con una calma casi impasible.

Con una emoción contenida, como quien no festeja los goles de su ex equipo, Hank Rhon permaneció sentado como si se escondiera de La Bombonera para festejar. Como si no quisiera ser visto por el Estado de México donde se crió y forjó políticamente de la mano de su padre, Carlos Hank González, uno de los políticos más emblemáticos de la época dominante del priato en el país.

Al señalarle la calma con la que vive el futbol, responde con la atajada de un buen político, aunque no sin insinuar esa manía de controlarlo todo.

"Así vivo el futbol", expresa Hank. "Verdaderamente disfruto el juego y trato siempre de que gane el mejor, y que el mejor sea Xoloizcuintles, el equipo al que le voy".

Su trato es siempre amable, cálido, cercano. Saluda todos los que se le acercan e incluso da el abrazo a aquellos que se lo requieren. Posa para todas las fotos, responde a todas las preguntas, saluda a la nutrida porra tijuanense que se ha instalado a su izquierda. Con el don de todo buen político, sabe cautivar a quienes lo tratan. Con ojos claros, casi felinos, su mirada es intensa, pero afable, quizás hasta bondadosa. En corto, es entrañable, una contradicción total con el personaje polémico y enigmático que es en público.

Es ahí que caemos en la cuenta de que hablamos con uno de los políticos más cuestionados de años recientes, y heredero, a su vez, de uno de los hombres más controversiales del siglo XX mexicano. Es ahí que caemos en la cuenta de que a Jorge Hank Rhon se le ha vinculado con, al menos, un par de asesinatos y que en junio de 2011, elementos del ejército mexicano supuestamente le encontraron un arsenal de armas largas y miles de cartuchos en su residencia, aunque fue dejado en libertad por falta de elementos. Hoy está en La Bombonera porque no se le ha podido demostrar nada, y hasta no ser culpable, sigue siendo inocente.

Parte de su halo controversial radica también en su estilo de vida ostentoso y su afición por los animales exóticos, como ese xoloizcuintle que aparece en el emblema del equipo. De ese perro que crió, no tiene empacho en hablar y lo describe hasta con nostalgia aunque, otra vez, no sin insinuar la vida, generosa en viajes, que tuvo el perro.

"Era un perro un poquito arriba del estándar, un poquito más alto, que debió de haber tenido el récord Guiness de campeonatos ganados, pero hubo un día que mi mujer me dijo 'oye, ya está viajando más el perro que yo, así que ya párale'. Anduvo por todo el mundo. Era un perro realmente muy educado que hice yo, que nació en mi oficina, que lo crié desde chiquito y nos llevábamos rete bien", recuerda Hank.

En la cancha, su equipo se imponía. Salvo unos cuantos minutos al inicio del segundo tiempo en que Toluca atacó con peligrosidad, los Xolos eran un equipo con pasta de campeón. Hank, con la ansiedad contenida, respondía parco a los comentarios desbordados de sus compañeros de butaca y era lacónico hasta en sus exabrutos: "¡Amarillaaa!, ¡Ay, cabrón!, ¡Por eso es San Cirilo".

Al minuto 56, el Toluca tuvo la oportunidad más clara de gol cuando Luis Carlos Tejada, dentro del área chica y con la portería a su merced, cabeceó hacia afuera un remate que pasó rozando el palo.
"¿Estás nervioso?" Le pregunta su vecino de butaca a Hank que responde con una negativa monosilábica, mientras se rasca los brazos y se frota la cara con insistencia.

El efímero empuje del Toluca se terminó al minuto 69 cuando cayó el primer gol de Tijuana. Un minuto después cayó el segundo. La final parecía sentenciada, y el campeonato parecía más xolo que nunca, pero Hank ni siquiera se levantó de su butaca. Festejó para sí mismo, escondido entre la multitud, bajando la cabeza, apretando el puño, y devolviendo tímidamente la felicitación a sus vecinos de butaca. Otra vez, como el delantero que no festeja los goles de su ex equipo, Hank respetó a Toluca, el actual bastión priísta de Enrique Peña Nieto, y catedral del Grupo Atlacomulco, que su padre formó.

Con unos Xolos campeones, con Mohamed en llanto, y una temporada de ensueño, Hank Rhon recibe la camiseta de campeón, hecha a su medida, que le ha reservado su hijo Jorgealberto. Al preguntarle si la actitud de su xoloizcuintle guarda alguna semejanza con los Xolos de La Bombonera, Hank concede y se despide: "Aquél era muy tranquilo, estos son unos guerreros".

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César González es articulista de La Ciudad Deportiva.

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