THE BLOG
03/05/2013 09:20 am ET | Updated May 05, 2013

¿Realmente necesita el mundo otro papa?

necesitamosotropapa

Cuando empecé a escribir sobre este tema me dieron horas "emocionado". Mejor dicho, afanado -- inconscientemente -- por sacar mi descontento contra una institución con la cual, como muchas otras personas, quizás estoy herido: la Iglesia católica. Caí en todo lo contrario a lo que aconsejo no hacer a quienes apoyo en sesiones de coaching: la crítica, la queja y la condena. Cuando, en realidad, la vida se trata avanzar y obtener soluciones y dejar de enfocarnos en lo que no debe ser, no es, pudiera haber sido o en lo que no podemos solucionar nosotros.

Así que luego de pensarlo y gracias al apoyo de mi querido amigo José Manuel Díaz, quien es cura y sicólogo, llegué a la conclusión de rectificar y en vez de despotricar contra la Iglesia, voy a compartir con ustedes lo que siento es una buena solución para dejar de quejarnos y señalar a esa institución, dejar de hablar de lo que hizo el Papa y de todo lo que sucede alrededor del Vaticano o en el templo de nuestro pueblo. Considero, como bien dicen, que en cada uno de nosotros empieza el cambio que deseamos y si cada quien cambia y aporta, en vez de solamente señalar, otro gallo cantaría.

Nací en un hogar católico. En un país (Costa Rica) en donde la constitución política deja claro en su artículo 75, que "la Religión Católica, apostólica, Romana, es la del Estado". Fui a una escuela de monjas y a un colegio de padres. Por lo que por más de una década de mi vida tuve que ir a misa domingos y jueves. A veces sábados también. Me llegue a aprender, casi de memoria, los tres ciclos de la Biblia para las misas. Intenté formar parte del coro pero mi pobre entonación no me lo permitió, y aunque mi madre hubiera sido feliz si fuese sacerdote, el hubiera nunca existió.

Si actualmente me preguntan cuál es mi religión simplemente debo responder que Dios es en mí. Soy el templo mayor que puedo ofrecer a Dios. Desde mi alma, mi corazón, Él me pulsa y me impulsa. Él es mi TODO, mi columna vertebral, tiene el control absoluto de mi vida y he comprendido que existe un plan divino y un propósito para el cual estoy en este mundo, creado por ÉL, que va más allá de lo que yo crea que me conviene o lo que yo crea que debe ser o suponga necesito. Escucharlo es mi necesidad.

Yo no necesito esperar cada ocho días para recibir la palabra de Dios ni sus instrucciones y menos debe ser a una hora fija en un lugar determinado. Yo mareo a Dios. Le hablo como una tarabilla durante todo el día, en todo momento. De seguro hasta lo saturo. Y sé que a Él, eso le gusta. Conversamos, nos entendemos, me envía mensajes a través de otras personas, de correos, de una película, una canción, de una frase. También me enojo con ÉL porque a veces no entiendo lo que está haciendo conmigo. Pero he aprendido que eso es válido, que sea lo que sea siempre tengo que decirle lo que siento. ÉL es todo para mí. Igual, respeto a quienes le llaman la fuente, la energía, el Universo, la Vida y demás. Lo realmente importante, siento yo, reconocer que hay un ser superior. También, me da igual la religión, lo importante es creer, pero con el corazón, no de la boca para afuera.

Yo no necesito amuletos, lo mío es conexión directa con Dios. Él es en mí, entiendo y reconozco que Él es como el mar y cada uno de nosotros somos una gotita de ese mar, juntos somos uno y Él es en todos.

He comprendido y asimilado, además, que Dios es amor, no castigo, ni opresor o represor. A Dios se le respeta, es un Padre de amor, no se le teme, se le conversa, se le escucha y se le obedece. Sé que lo que pasa en mi vida es elección mía, porque me dio el libre albedrío y Él dejará que me lleve mi trancazo para que aprenda si es que yo no entiendo lo que me quiere decir o no quiero hacerle caso, de mí depende si avanzo, me retraso o repito la misma historia. También, a huevo, he tenido que entender que todo lo que pasa debajo del cielo tiene su momento y su lugar. Es cuando Él dice, no cuando nosotros decimos; es lo que Él dice, no lo que nosotros suponemos debe ser.

A todos les encanta opinar sobre la vida de los demás, por eso no resuelven la propia, porque están enfocados en la de los otros y no les alcanza el tiempo. Por eso, admiro la decisión del señor Ratzinger quien nos dio una clase maestra de cómo decir NO, cuando NO quieres hacer algo que va en contra de lo que realmente deseas, cosa que también muchos podemos aprender. El ex Papa, vivió de renuncias en su vida y qué daba una más. Renunció a una vida "normal", renunció a tener una esposa, a tener una familia propia, hijos, a sus deseos sexuales y placeres carnales y renunció a la labor que le designaron otros.

¡Yo le aplaudo de pie! A ver quienes tienen los pantalones de decir "no" cuando deben. Lo que él haga ahora es muy su vida y su relación con Dios. ¿Quiénes somos nosotros para criticar¡

Como bien dice mi querido amigo, el padre Díaz, la Iglesia no depende de un Papa, ni siquiera de un buen Papa, hemos tenido muchos y algunos no han hecho su mejor esfuerzo a través de los siglos y acá estamos aún. "La fuerza de la Iglesia no está en alguien que represente a Dios (cosa que no es el Papa por cierto) sino en Dios mismo que por medio de personas tan frágiles como yo y los demás miembros de la Iglesia (laicos y jerarquía) sigue haciéndose él mismo presente en medio de este mundo en sus sacramentos, en su Palabra y en las obras de caridad que tienden a construir un mundo nuevo".

Eso me lo dijo respecto a que este humilde servidor imagina, anhela y sueña con que aunque el protocolo diga que debemos tener un nuevo papa, más que tener esa figura, depende de cada ser humano, sin importar, raza, condición socioeconómica, cultura, país o religión así como edad o preferencia sexual, hacer un cambio real en la vida propia y contribuir en la de los demás. Ser una mejor Iglesia cada uno no dejarlo a un templo y a quienes habitan o predican en él. Esa es una responsabilidad individual.

¿Qué no sería mejor aprender de Dios?, ¿conectarnos con Él?, empezar por tratar de ser mejores personas, dejar de quejarnos, de afanarnos por las riquezas materiales -- que cuando abandonemos este traje llamado cuerpo, en donde habita lo realmente importa que es nuestra alma, no nos llevaremos nada de esas pertenencias. Sería mejor dejar de pronto algún legado en nuestras otras generaciones o al menos en nuestro vecino o nuestros hijos. Dejar de estarnos comparando y entender que cada quien tiene su propio camino. Superar todos los complejos, inseguridades, temores, miedos, frustraciones que cargamos algunos desde niños y que si no somos conscientes de que debemos enfrentarnos a eso que nos marcó nos atoran de por vida y por eso no logramos ser felices del todo o estar en plena paz. Sería mejor propiciar cada quien un cambio pero a conciencia y con compromiso, ¿no? Así tendríamos muchos líderes espirituales, muchos papas y sería más fácil construir mejores vidas aportando, solidarizándonos, ayudándonos entre todos, eliminando las etiquetas sociales, las clases socioeconómicas, las fronteras de un globo que es uno solo y que se nos ha dado por casa.

Vía tuiter me decía la reconocida Doctora Isabel que por qué de pronto no pensar una mujer como líder espiritual. Eso también podría ser una opción. Para mí la madre Teresa de Calcuta era como la versión de papa en femenino y nadie más que Dios la puso en ese lugar. Que haya muchos líderes espirituales, que cada uno de nosotros seamos líderes de nuestras vidas y que con el ejemplo prediquemos hacia otros, los impulsemos y motivemos.

Definitivamente el nuevo papa que venga, deberá tener una mente abierta, ser conciliador. Y pues sí supongo que así como cada país tiene un líder, la Iglesia católica necesita una figura máxima, así como en los trabajos tenemos jefes o líderes, pero ¡aguas!, que no dependa tu fe ni tu conexión con Dios de que esa persona, que dependa de ti mismo, que tú seas el cambio que contribuya a todo lo que se necesita en tantos ámbitos, empezando por la vida propia para cambiarla y tener una existencia más plena, menos complicada, más feliz, más en armonía, en amor a los demás sin juzgas ni prejuicios, que aporte a generar mejores seres humanos, a que tengamos un mundo mejor. Créame que es posible ya hay muchos en frecuencia. Tan solo es elegir un cambio de actitud, elegir estar bien. ¡Menos crítica y más soluciones gente!

El rumbo de tu vida y tu conexión con Dios lo decides en cada momento, en cada acción, en cada obra que haces, desde que hablas con los demás y lo que les dices, lo que haces por ellos y por ti, en qué inviertes tu tiempo, cuánto consideras a Dios en tus decisiones, cuánto le escuchas, cuánto te mueves para que las cosas sucedes, cuánta fuerza decides tener, cuando menos eres víctima y afrontas las lecciones que la vida te da como aprendizaje y sales adelante. Ojalá que en todo momento los cuestionamientos que tienes y que surgen a diario, te lleven a buscar las respuestas en Dios.

¡Y recuerda: a sonreír, agradecer y abrazar la vida!

Sobre todo: ¡a Vivir, gente! VIVIR.

TAMBIÉN VE:

El Papa Benedicto XVI

ADEMÁS: