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10/23/2013 03:00 pm ET | Updated Dec 23, 2013

Compromiso con los estudiantes hispanos

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Saliendo del mes de la Herencia Hispana, pienso sobre el llamado a la acción que debo enfrentar como mujer México-Americana en este cargo.

Hay un lugar para todos dentro de nuestros esfuerzos - me complace que el 39% de nuestros maestros entrantes se identifiquen como personas de color, pero la etnia ni limita ni define nuestro trabajo para asegurar que todo niño tenga acceso a una excelente educación. Sin embargo, sí informa sobre mi perspectiva. Entro a esta lucha pensando en mis amigos de la niñez que nunca llegaron a graduarse. Entro a esta lucha sabiendo que mis hijos tendrán que enfrentar prejuicios de los cuales no los podré proteger. Entro a esta lucha pensando en mi madre, la mujer más inteligente que he conocido, quien le dio prioridad a la educación de mis hermanos y yo, a pesar de que ella tan solo llegó a terminar el octavo grado de la educación formal. Los conceptos de la desigualdad en la educación no son estadísticas ni hojas de datos para mí. Conozco la investigación y las cifras, pero este trabajo se trata de personas reales. Se trata de la vida real, de rostros reales y pérdidas reales que he sentido y visto.

También se trata de triunfos reales. Victorias y fortalezas reales. Se trata de personas que retaron hasta el último estereotipo que el mundo les lanzó encima, quienes lograron una educación a pesar de las bajas expectativas que enfrentaban. Y a pesar de los verdaderos retos que enfrentaron durante su crecimiento en condiciones económicamente desfavorables. Este trabajo se trata de personas que aprovecharon la riqueza y valores de su cultura para ventaja propia.

No hay solamente una cara de la comunidad Hispana. Literalmente, el sello significa "Hispano-parlante," cubriendo todo un 13% de nuestra población nacional - 17% si expandimos la definición de quienes vienen de países de habla Hispana, y se proyecta a un 31% para el año 2060. Mi familia emigró de México, pero yo me uno a quienes vienen de El Salvador y Uruguay este mes. Me uno a quienes se acaban de mudar a los Estados Unidos desde Argentina, España o Belice. Me uno a quienes tienen raíces que datan desde los pueblos indígenas de mi estado de Texas. Somos diversos y somos muchos - con ancestros en innumerables comunidades de todo el mundo.

Sin embargo, dentro de esta diversidad muchos hispano-parlantes comparten una variación de la expresión "mijito" o "mijita". Mi maestra y mentora, la Maestra Figueroa, llamaba a todos y cada uno de sus estudiantes por estos nombres - ellos no eran sus familiares, sin embargo eran su familia. Enseñé a mis estudiantes de primer grado según su ejemplo. La clase de la Maestra Figueroa fue excelente para sus niños - no podría ser de otra manera. Hice lo mejor que pude para seguir su ejemplo.

Ahora que soy madre, pienso en la forma en que la Maestra Figueroa se refería a su clase. Ella siempre sostuvo los más altos estándares para sus estudiantes, porque los consideraba de su propia gente y ellos no merecían nada menos. La medida de si una escuela es lo suficientemente buena, quizá, es si es lo suficientemente buena para nuestros propios niños. Cuando veo una escuela, me pregunto sobre mis tres hijos - ¿Malcolm sería aceptado aquí? ¿La raza y etnia de Marshall sería celebrada aquí? ¿Se esperaría lo máximo de Langston todos los días? Me pregunto si sea un lugar donde cada uno de mis hijos puede aspirar a lograr su máximo potencial.

¿Qué padre no se ha hecho estas preguntas? ¿Qué abuelo no quiere que su mijito o mijita asista a una escuela segura, retadora y generosa?

Cada niño merece acceso a una educación que conlleve hacia el fortalecimiento, el acceso y una verdadera libertad en nuestra nación. Esta es la realidad para la cual debemos trabajar - porque hoy hay demasiados niños Latinos que deben caminar a través de detectores de metales y tienen que enfrentar peleas en los pasillos. Demasiados niños Hispanos en la escuela secundaria desertan porque su salón de clases no satisface sus necesidades. Muy pocos logran llegar a la universidad porque jamás recibieron la guía necesaria para presentarse, ni las habilidades, ni la asesoría ni el apoyo para graduarse, si es que logran llegar. Eso no es justo para un país que lucha por ser una tierra de oportunidades para todos.

Entonces, hoy, este es mi llamado a la acción. Eso es lo que me impulsa. Debemos ver a nuestra familia nacional como la Maestra Figueroa veía su clase - cada niño merece lo que nosotros querríamos para los nuestros.

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