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12/12/2012 05:00 pm ET | Updated Feb 11, 2013

La verdadera alegría de Navidad está en...

adviento dios
Qué fácil, se dice en estos días: ¡Felices fiestas!, cuando ni siquiera se sabe qué se celebra, o peor aún se ha vaciado la frase y se utiliza como slogan de mercadeo, buscando caer bien con todos y no quedar mal con nadie, pero esto no es más que un reflejo de lo que internamente vivimos.

Enfrentados a lo cotidiano y a la rutina llegamos a responder como aquellos invitados a la cena que nos habla el Evangelio en Lc 14, 16-24 y desechamos esta invitación porque estamos sumidos en la compra-venta sin fin y en acrecentar nuestra riqueza en los placeres de este mundo. Tomamos una actitud de indiferencia ante "la fiesta".

Vivimos por vivir, de tal suerte que pasamos por alto esto de la fiesta y lo hemos transformado en un comprar, comer, beber y otras cosas que no muestran que la fiesta es ese espacio donde podemos salir de nosotros mismos y descubrir sin más que estamos vivos y podemos gozar en ello; que esto es gracias a Aquel que salvándonos ha dado sentido a nuestra vida: Cristo Jesús.

De la fiesta en sí misma hay mucho más que decir, pero quiero enfocarme en la consecuencia de no vivir celebrando, en la tristeza o sin sentido de la vida que lleva a la depresión y desesperación hasta el suicidio.

Y esto toca constantemente a nuestras puertas, he visto cómo la tristeza va apoderándose de muchos rostros y de comunidades enteras, sin embargo, la palabra de Dios nos habla en Flp 4,4 así: "Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos".

¿Será esto posible? ¿Se podrá estar siempre alegres con tanta miseria que nos rodea, tantos problemas, tantas deudas, tantas guerras, tantas injusticias?

Y pareciera que esto es un sueño irrealizable, una quimera, pero hoy te digo que: NO ES UNA FANTASÍA, ES ALGO QUE ESTÁ A NUESTRO ALCANCE, porque en primer lugar es un don que viene de Dios, nos lo sigue presentado la palabra de Dios en Flp 4,7: "Y la paz de Dios que supera todo entendimiento custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús".

Sí, como has leído, he identificado LA PAZ DE DIOS, con la alegría, porque es un estado y no un sentimiento, es algo que está más allá de enfermedades y penurias, de bondades y triunfos. De ese estado nos habla el tercer domingo de Adviento llamado Gaudete, o sea, de la alegría que se manifiesta en la espera de Aquel que viene, en la confianza en su bondad, en la renovación interna que se genera por su presencia.

Es la alegría que hace proclamar "Bendito el que viene en nombre del Señor", porque descubres que Dios no se ha olvidado de ti y abre su corazón misericordioso para que puedas entrar y disfrutar de la vida, es la alegría que se da con el anuncio del Evangelio, es la alegría que llegó a nuestras tierras por mediación de la Virgen María, Señora de Guadalupe, la que concibió en su seno al Hijo de Dios, el que es la vida.

Y así podemos expresarlo nosotros los que de alguna manera hemos sufrido, los que hemos sido excluidos, rechazados, como en tiempos del mexicano San Juan Diego en 1531, cuando la colonización estaba en su apogeo, y entre las medidas utilizadas estaba el sometimiento y la imposición, muy similar aunque en marcos diferentes a nuestros días.

En definitiva tanto entonces como ahora el anuncio de "La perfecta siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios por quien se vive" es válido y lo necesitamos: Dios está con nosotros, en medio de nosotros y a nuestro favor (Sof 3, 15 El Señor revocó tu sentencia, echó afuera a tus enemigos; el Señor, Rey de Israel, está en medio de ti; no temerás más la desgracia).

Y para acceder a esta vida en abundancia que se contrapone a la muerte, el método es muy sencillo, y no hay que estar buscando fórmulas secretas como la Cabala, ni estar desintrincando misterios, no es una doctrina oculta, no es para algunos, es para ti y para mí, para los de cerca y el de lejos porque ya el Evangelio lo enseña Lc 3,10-18.

  • El que tiene dos túnicas, que le dé al que no tiene; y el que tiene alimentos, que haga lo mismo.
  • No exijáis más de lo que se os ha señalado.
  • No hagáis extorsión a nadie, ni denunciéis con falsedad, y contentaos con vuestras pagas.

Dichosos quienes al leer esto no lo echan en saco roto y los ponen por obra ​siguiendo I Pe 4,8:

"Ante todo, mantened entre vosotros una ferviente caridad, porque la caridad cubre la multitud de los pecados".

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