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11/03/2012 10:31 am ET Updated Jan 04, 2013

Lo que dejamos atrás

human trafficking

Hace poquitos días leí en este mismo periódico que se firmó un acuerdo entre la Fiscal General de California Kamala D. Harris y la Fiscal General de México Marisela Morales Ibáñez de colaboración en las investigaciones criminales en las que estén implicados miembros de bandas transnacionales que trafiquen seres humanos.

Por demás está decir que esto significa que en la frontera entre los dos países, existen innumerables y sanguinarias bandas que lucran vendiendo, comprando y traficando gente de uno y del otro lado de la frontera y que, de manera inteligente, entre ambos Estados se firmó un acuerdo de colaboración para prevenir la impunidad. Debemos tener en cuenta una importante variable: de acuerdo con un informe de enero del Congressional Research Service América Latina es la región de donde provienen la mayor parte de las personas que son traficadas a los Estados Unidos. América Latina es también una región de tránsito para víctimas provenientes de Asía, en camino a EE.UU., Canadá y Europa.

Es un negocio que además de levantar unas ganancias de arriba de los U$32 billones de dólares, y ser el tercer negocio más redituable, el Departamento de Estado de los EE.UU. estimó que alrededor de 14,000 y 17,500 personas son traficadas al país por año. En la actualidad y de acuerdo con Polaris Project, las víctimas de este delito en los Estados Unidos incluye ciudadanos estadounidenses y extranjeros, con o sin documentos, adultos, menores, mujeres y hombres.

Es decir: son muchas las personas que son traficadas dentro del país, incluso, las que son traficadas entre los distintos estados de EE.UU.. La misma organización agrega que en 2011, el 36% de las llamadas que recibieron a la línea anónima de denuncias contra la trata eran cursadas por extranjeros.

No podemos pasar por alto la especial vulnerabilidad que sufren los indocumentados, especialmente, si son niños y mujeres. Estoy hablando de personas entran de contrabando a los Estados Unidos, buscando una vida mejor y dejando atrás a familia y costumbres. En algunos casos, la gente es secuestrada. Pero en muchos, es tentada con falsas promesas de trabajo o de incluso, de matrimonio en los Estados Unidos. Otros llegan buscando reencontrarse con el miembro de la familia que ya está establecido.

Y sobre este punto quiero detenerme: quienes llegan a EE.UU. buscando a su familia.

Hace unos meses, llegó a mis manos un libro de Reyna Grande que tengo entendido que pronto saldrá en español, en el cual la autora relata su historia: ella era una pequeña inmigrante indocumentada que llegó a Estados Unidos con 10 años para reunirse luego de años con sus papás, que la habían dejado en México.

En el libro ella cuenta lo que fueron los primeros años, con sus papás lejos, los fantasmas de no ser querida y el sentimiento terrible de culpa y de abandono. Y nada de esto fue curado por el tiempo, aunque sí mitigado. Es que la distancia que se creó entre ellos, esa distancia irreparable, que se erigió cuando sus papás emigraron en búsqueda de una vida mejor para ella y sus hermanos la marcó a fuego en toda su vida. Esa distancia conllevó a que, en su caso, su familia se desintegrara y se convirtieran- al reencontrarse físicamente- en extraños.

Es una historia muy difícil, donde existe miedo, abuso y violencia por parte de su papá, donde de repente se encuentra con seres desconocidos y sobre todo lo que se gana y todo lo que se pierde en la búsqueda de una vida mejor. Dá esperanza y quizá nos da un poco luz a propósito de lo que viven muchas personas que llegan a Estados Unidos en condiciones similares a ella y sin documentos.

¿Cuántos casos como el de Reyna hay por ahí? ¿Cuán vulnerables son a abusos, a redes de trata y de explotación estos niños indocumentados? Si ellos faltan o desaparecen, ¿qué deben hacer sus padres?

Es por eso que siempre vuelve a mi mente: todo eso que dejamos atrás, las distancias que creamos, los riesgos que tomamos, todo lo que implica en nuestros corazones y mentes cuando nos vamos de nuestros países, buscando un futuro mejor para nuestros hijos... y en lo vulnerables que pueden transformarse nuestros seres más queridos.

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