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01/24/2013 02:33 pm ET | Updated Mar 26, 2013

Carlos Vela: El rechazo a la selección mexicana

carlos vela

A Carlos Vela le sobran motivos para sonreír. La Selección Mexicana ha jugado bajo las reglas que él decidió. Cuando quiso provocó un distanciamiento que lo desterraba de cualquier posibilidad de volver a vestir la verde. El enfado con él era generalizado. Nadie lo quería ver. Después, con esa sonrisa de hiena que lo mismo aparece por la alegría de un gol que por una falla grosera ante el arco, fue reconquistando el corazón de los aficionados nada más para volver a apagarles la ilusión. Y él, mientras la medianoche mexicana nos alcanzaba con el estómago revuelto por la nueva negativa de Vela, despertó en España con esa altanería que cada vez viene peor.

Las vendettas de Vela duelen por lo que pierde el Tri en el campo, pero sobre todo por la ofensa que representa para un pueblo que ha depositado sus más arraigados valores nacionalistas en su equipo de futbol. El mexicano pretende hablar como español y vestirse con ropa importada, mas rara vez dejará de apoyar, gozar y sufrir con el tricolor. Por eso, más que por cualquier handicap sobre el rectángulo verde, lo del delantero de la Real Sociedad se recibe como un insulto. Si a la ofensa se le suma la personalidad de Vela, la bomba molotov se enciende en automático.

En este juego de amor y odio todos pierden. Por más que Vela actúe como el autosuficiente que no necesita de apoyo ni simpatía para brillar por sí mismo, el costo de su negativa a enfundarse la camiseta de México se representa en millones de dólares. Podrá marcar goles y acaparar elogios en la Real Sociedad, pero las grandes marcas deportivas seguirán apostando por ídolos nacionales, por jugadores en comunión con la afición. Ser jugador de la Selección Mexicana es clave para amarrar contratos publicitarios, sobre todo cuando la cuenta regresiva hacia Brasil 2014 empieza a adquirir intensidad.

José Manuel de la Torre deberá ser inteligente en sus próximas decisiones. Si bien el talento de un jugador como Vela siempre deberá ser puesto en la balanza, el respeto a los procesos debe estar por encima de todo. Si con el paso de los meses el delantero de la Real Sociedad decidiera que por conveniencia o convicción está listo para volver, al seleccionador nacional le tocará estar ante el dilema de evaluar si el aporte individual está por encima de la voluntad de aquellos jugadores que nunca pusieron objeciones para asistir a partidos que, de trámite o no, trazarán el camino del cuadro azteca hacia la máxima justa balompédica del orbe.

Carlos Vela está jugando con fuego. Su decisión de convertirse en un llanero solitario le presenta más dudas que certezas hacia el futuro. Mientras siga anotando con la Real Sociedad, todo marchará según su plan de vuelo. Sin embargo, decir no a la Selección en vísperas de un proceso mundialista daña la cartera y la imagen. Cuesta más de lo que él quiere reconocer.

México no tiene de qué preocuparse. El mayor logro de una Selección Mexicana en su historia se produjo con un plantel salpicado por deserciones. Si a Vela los dientes le brillan al mostrar esa sonrisa inmune a los malos tiempos, sobre el cuello de futbolistas mexicanos resplandece el oro olímpico. En el país de Shakespeare, el cuadro verde no extrañó a Carlos Vela. Tampoco a Javier Hernández y a Jonathan Dos Santos. Los tiempos de pobreza en que las posibilidades de éxito se basaban en un hombre se quedaron guardados en la espalda de Cuauhtémoc Blanco.

Es hora de que cada quien siga su camino. Los retos a futuro son demasiado grandes como para seguir pensando en Carlos Vela. Por él no debemos preocuparnos. Se sabe que nunca deja de sonreír.

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