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10/19/2012 02:41 pm ET | Updated Dec 19, 2012

Carta a un ciudadano americano: Cero indecisos... Cero campaña

votantes

En uno de los mejores capítulos de la serie The West Wing, a mi juicio el documento de televisión política más completo que se haya realizado, el jefe de campaña del candidato latino Matt Santos se agarra la cabeza porque no puede tomar una decisión de a cual estado dirigir los recursos de la campaña y a cuál dejar sin spots de TV pagada, a 50 días de la elección de noviembre.

La situación es frecuente en los Estados Unidos donde, en la medida en que se aplica en muchos lugares el sistema de "winner takes all", es decir, que el ganador se lleva todos los delegados del estado tan sólo al obtener una mayoría simple de mitad más uno, no vale la pena luchar por aquellos estados donde hay una clara mayoría del candidato contrario. Es decir el sistema desincentiva la lucha cuando el margen entre los candidatos es relevante y pareciera difícil de remontar.

Así las cosas millones de norteamericanos no pueden realmente seguir la campaña presidencial en su verdadera dimensión. Son los que viven en los estados donde hay un aparente ganador en las encuestas. Allí el contrincante decide no invertir en televisión y por su parte el supuesto ganador tampoco tiene mayor incentivo a contar su historia. Es decir, la campaña ocurre realmente, con todas las baterías de artillería enfiladas contra el enemigo, sólo en aquellos estados donde hay indecisos. Que, en realidad, son pocos.

La moraleja sería entonces: no responda las encuestas si quiere que los candidatos vengan al estado. O bien, no se decida temprano, ¡revélese indeciso! Espere para decidir. Que si en nuestro estado hay buen margen de indecisos, ¡tendremos espectáculo! De lo contrario, si no hay indecisos y todo el mundo se ha decidido -ah y el margen parece imposible de remontar- entonces seremos ciudadanos de tercera y la campaña no llegará hasta donde estamos.

Es por eso que en el cubrimiento de la campaña se suele decir que hay un número limitado de estados en la pelea. Hoy son poquísimos.

Una versión diferente del tema (si bien no menos relevante) se vive en América Latina. Los gobernantes, en particular los autócratas como Chávez, Correa, Ortega y Evo Morales, han aprendido a polarizar a la sociedad, promoviendo el odio entre clases sociales, para que el nivel de indecisos sea muy bajo. Pero sobre todo para que los más pobres estén con ellos por la vía del chantaje de los subsidios del estado. No de las políticas públicas que generan empleo y crecimiento de largo plazo, no de las oportunidades que abren puertas, no de una buena educación que invita a la libertad. No. Mediante las cadenas extorsivas del subsidio público.

El eslogan de estas campañas, financiadas por los recursos públicos que la corrupta administración pública no alcanza a robar, sería: ¿Quiere subsidios? Es más, ¿necesita subsidios estatales para comer mañana? Vote por mí. Esto, acompañado de la amenaza contraria: si no votas por mí, mañana la máquina estatal te aplastará.

Como ven en los países desarrollados habría un premio para los indecisos, mientras que en los más pobres lo que hay es un castigo.

Como acabamos de entender en Venezuela.

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*Miguel Silva, colombiano, fue Secretario General de la Presidencia de Colombia y fundó la revista Gatopardo. Es periodista y consultor en comunicaciones estratégicas.