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'Harry el sucio' arruinó la noche a los republicanos

08/31/2012 07:57 pm ET | Updated Oct 31, 2012

Ni Madre Natura ni Hollywood parecen estar del lado de los republicanos. Como si los problemas causados por el Huracán Isaac no fueran poco, Hollywood les mandó un trastornado a que les arruinara la sesión final de la Convención Nacional. Bueno, técnicamente hablando, no fue un loco sino que el actor/director Clint Eastwood quien, en una actuación por la que habría que nominarlo para un quinto Oscar, empujó a un segundo plano el discurso de Mitt Romney.

Nadie le dijo al octagenario actor que se suponía que esa era la noche de Romney. Por eso es que, para desesperación de algunos organizadores de la convención, el ex alcalde de la pintoresca ciudad californiana de Carmel cómodamente se tomó todo el tiempo del mundo para hablar o, por momentos, balbucear.

Pero el problema no fue tanto el tiempo que se tomó Eastwood ni su dicción, sino el contenido de su discurso. Un discurso, valga enfatizar, sin precedente en las convenciones nacionales estadounidenses que, en el futuro, probablemente no será materia de estudio de analistas políticos sino que de psiquiatras y amantes de la parapsicología.

Para asombro de millones que no sabían si reír, aplaudir o agarrarse la cabeza, a Eastwood no se le ocurrió mejor idea que empezar a hablarle a una silla. Una silla en la que, al mejor estilo del "amigo imaginario de los niños", se suponía que estaba sentado un invisible Barack Obama.

Pero el episodio psicótico no terminó allí ya que, pasando de la irrealidad a la falta de respeto, el actor entabló un diálogo con Obama en el que supuestamente el presidente le mandaba un mensaje con profanidades a Mitt Romney. Y a Romney (según Stuart Stevens, el organizador de todo esto, y quien estaba con el candidato republicano detrás del escenario), le pareció todo muy gracioso y se largó a reír.

A algunos ancianos, cuando sus facultades no son las ideales, no se les debería permitir manejar. A Clint Eastwood, al menos de política, no se le debería permitir hablar.

Por supuesto que después del show de Harry el Sucio (Dirty Harry, uno de sus más conocidos personajes cinematográficos), el discurso de Mitt Romney, que no tuvo la inspiración ni la magia que se espera de quien quiere liderar a la nación, pasó a un segundo plano.

Y con esa nota, con un Clint Eastwood que apareció en todas las primeras planas del mundo, el Partido Republicano terminó una convención mediocre en la que emotivamente se habló mucho de las difíciles experiencias personales de candidatos y familiares, pero poco o nada del plan que proponen para supuestamente reactivar la economía.

No se animaron a decir qué es lo que Paul Ryan quiere hacer con Medicare, ni cómo cortarían programas para reducir al máximo posible al gobierno federal. No se animaron a confesar que están dispuestos a luchar hasta la muerte para asegurar que a los millonarios no se les aumenten los impuestos. No se animaron a decir que quieren restringir los derechos de una mujer a tener un aborto ni se animaron a confesar que si tienen el poder harán todo lo posible para que se legisle la prohibición de los matrimonios de homosexuales.

Así, con la patética participación de un anciano despeinado, balbuceando, que le hablaba a una silla vacía y le faltaba el respeto al presidente de la nación, los republicanos concluyeron una convención que, en este momento de crisis, no aportó nada substancial para iniciar un debate político que ayude a Estados Unidos a resurgir.

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