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11/06/2012 01:08 pm ET | Updated Jan 06, 2013

El amor incondicional de Obama no es Michelle, es el baloncesto

obama

"Estamos en el último cuarto (del partido). Llevamos una ventaja de algunos puntos, pero el otro equipo pelea duro y juega un poco sucio. Algunos de nuestros jugadores están en problemas. Un par de ellos están heridos y creo que sólo podrán jugar un partido más". Obama no puedo olvidarse del básquetbol ni en sus discursos de campaña.

Barack, dos años menor que Michael Jordan, llevó antes que el mejor basquetbolista de todos los tiempos el número 23 en su espalda. Era 1979. Obama medía 1.88 metros de altura y jugaba en el equipo de baloncesto de la Punahou High School de Hawaii. Ahí, con Chris McLachlin como entrenador, el presidente de los Estados Unidos, ganaría el campeonato estatal.

En ese entonces Barack Obama era un total desconocido y no el candidato que encarna la 'gran' esperanza del continente americano. En ese entonces, en el del campeonato que conquistó en Hawaii, le apodaban Barry O' Bomber. Era el sexto hombre del equipo de la preparatoria.

Su ex entrenador recuerda que nunca iba a ningún lado sin su balón. Todos los días era el primero en llegar al entrenamiento. Se quedaba horas practicando el tiro. Alguna vez, un ex compañero suyo del equipo de la Punahou High School, recordó que Barack sentía predilección por dos jugadores que en aquél entonces brillaban en la NBA.

"A nuestro Barry (Obama) le fascinaba el juego brillante de Magic Johnson, pero también el carisma de Larry Bird. Veía las infinitas posibilidades de esa rivalidad. No podías debatirle; al fin, siempre estabas de acuerdo con él. Conserva el carisma de entonces, incluso camina de la misma manera", decía Dan Hale, pívot de la Punahou.

Barak Obama no puede borrar de sus mejores recuerdos el día de aquella final en la que participó. Él era suplente. Su equipo ganaba 32-11 al descanso. Barry, como le decía al presidente afroamericano, imploraba a su entrenador que le metiera cuando antes para vivir la final y disfrutar del título que acariciaban sus manos.

Antes de que llegara a la presidencia, ya como senador de Illinois, Obama dio un discurso en Honolulu, Hawaii. Ahí estaba presente su ex entrenador. Recordó con él sus épocas de jugador. "¿Era yo bueno o no lo era, coach?" "Es verdad que yo apretaba bastante en el tema de los minutos", le dijo a McLachlin mientras ambos cruzaban miradas de admiración.

El baloncesto es la pasión oculta de Obama, es el amor incondicional que le cura el estrés y lo descarga de tensiones. Juega con frecuencia. Dicen los que lo han visto jugar, que el zurdo es ágil y rápido, y que con su mano izquierda tiene un disparo certero.

A través de los años, Obama y Michael Jordan, se han hecho amigos. Amigos incondicionales. Obama siempre le rindió pleitesía, mientras que Jordan, a pesar de que durante muchos años se opuso a poner su popularidad al servicio de una causa, como lo demostró al rechazar a inicios de los 90 el apoyo a un candidato negro demócrata que buscaba la presidencia contra, Jesse Helms, un senador ultra conservador del estado de Carolina del Norte, al final, terminó convenciéndose de que Obama era diferente.

Recientemente, Barry, u Obama, como quieran llamarle, reconoció que en 2004 recibió un cheque firmado por Michael Jordan para financiar su campaña como senador. Sincero, Barack dijo: "No sabía si debía cobrarlo o ponerle un marco", frase que provocó carcajadas entre el público asistente al evento.

Este martes, día en que se celebran las elecciones de Estados Unidos, Barack Obama ha decidido no tener actos de campaña y ha programado un partido de básquetbol en Illinois, Chicago, curiosamente donde Michael Jordan se erige como un Dios todo poderoso. Quizás hoy vuelva a repetirse el beso de la pareja presidencial, como aquél que dio la vuelta al mundo durante un partido entre Estados Unidos y Brasil.

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Santiago Cordera es articulista de La Ciudad Deportiva.