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11/02/2012 02:13 pm ET Updated Jan 02, 2013

COINCIDIR: Políticos al fin, enfermos de poder

Cualquier noticia sobre el dictador Fidel Castro opaca cualquier otra en el mundo, y no porque sea el mejor político o líder, sino porque es la muestra de lo que un hombre con carisma y poder puede hacer con un país.

Recuerdo que en 1991, cuando todavía ejercía yo el periodismo en México, fui invitada por el gobierno mexicano a conocer Cuba. Fue en diciembre, día del aniversario de la Revolución Cubana, y la verdad es que me sentí muy atraída por la idea. Necesitaba ver de cerca la vida de los habitantes caribeños. ¿Pero qué fue lo que encontré? Contrastes inimaginables. Los ricos, porque aunque usted lo dude hay muchos ricos socialistas en Cuba, gozaban de todo lo que se le critica al mundo capitalista. Una marina de primer mundo - "La Marina Hemingway" -, las playas de Varadero, en donde existen hoteles de lujo, restaurantes en el centro de la Habana, también de primer mundo, casinos y shows y muchos otros lujos.

No lo podía creer. Pero lo que si quedó muy claro fue la extrema pobreza de un pueblo condicionado a creer en el Fidelismo para no enfrentar cárcel. Una juventud que no comprende la razón de una revolución, porque nació en un sistema que los condiciona a un par de zapatos al año, viviendas múltiples, prostitución en cada esquina.

Me quedé sorprendida de ver las colas que el pueblo hace para conseguir comida, mientras que la gente de Fidel vive a todo lujo. Eso lo vi, no me lo contaron.

Pocos años después tuve la oportunidad de entrevistar a Fidel Castro en las Naciones Unidas, en Nueva York, durante la Cumbre del Milenio, y entendí algunas cosas. Que los pueblos muchas veces nos dejamos llevar por el carisma y liderazgo de una persona y que pocas veces nos detenemos a pensar en las consecuencias de una mala elección. Castro tiene un gran carisma, verbo e inteligencia, y eso es innegable. Nunca se me va a olvidar que cuando hizo su aparición frente a la Asamblea General, los mandatarios presentes le aplaudieron más que a Bill Clinton, quien era el Presidente de Estados Unidos en ese momento. Pero cuando le pregunté a Castro, en una entrevista exclusiva, acerca de lo que había yo visto en Cuba años atrás, solo respondió que era la cara al exterior. La experiencia en el ámbito periodístico me ha enseñado a no creer todo lo que veo, ni creer todo lo que me dicen. Como Fidel hay muchos. Políticos, al fin, enfermos de mentiras y de poder.

Victoria Ortiz. Periodista independiente. vickyram27@yahoo.com

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