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09/02/2014 10:12 am ET Updated Nov 02, 2014

Autosabotaje: cuando tú mismo te impides lograr tus metas...

ATIC12 via Getty Images

Recientemente me percaté que si yo fuera un pájaro, sería uno muy particular. Bueno, ni tan particular, más bien creo que formaría parte de una especie de la cual cada día habrían unos cientos más. Sería uno de esos que por su propia voluntad buscaría una jaula, iría, se metería en ella, buscaría un candado, se lo pondría y no conforme con cerrarlo le pasaría doble llave a la cerradura propia de la jaula.

¿Y es que cuántas veces sin darnos cuenta, nosotros mismos, como si no fuera suficiente tener que lidiar con todo el exterior y lo que implica la cantidad de relaciones que debemos manejar para vivir, nos encerramos tanto en limitarnos en ciertas, varias, tantas o todas las áreas de nuestra vida, que nosotros mismos somos quienes nos impedimos lograr lo que deseamos? Y, como bien dicen, los únicos que tenemos la llave de la solución, somos nosotros.

Sin embargo, estamos tan metidos en el cumplir con todo y a nuestra manera, que el agua casi nos está asfixiando porque no cerramos la llave y nos concentramos sólo en ver cómo el agua nos ahoga.

Uno de mis principales "obstáculos" a trabajar es que he sido siempre como la malvada señorita Rottenmeier, el personaje de la famosa fábula infantil de televisión llamada "Heidi": he sido un militar, un policía, un castigador, limitador conmigo mismo. (Qué cosas, ¿no? Lo bueno es llegar al punto de reconocerlo).

Hasta hace poco, las cosas o se hacían como yo decía, como quería, en el momento que yo elegía, o bien, no se hacían. O era blanco o negro, no había espacio para el gris. Y claro, todo, porque como he confesado ya en otra de mis columnas, soy un adicto al estrés y apenas estoy en recuperación por voluntad propia, aunque después de más de 4 décadas de vida repitiendo un patrón de conducta, la cosa es despacio.

Que si tengo que entrenar tantos días a la semana, tantas horas; que si debo hacer esto así y no asá; que si como solo sano y me pasé por comer un postre; que me frustra porque tengo dos maestrías y me tocó trabajar con gente que ni el high school tiene; que si la ropa tiene que combinar; que si debo estar impecable; que si me puedo permitir esto y no lo otro; que si acá y allá; que si arriba o abajo, y que si esto y lo otro y lo demás... Aaaaaaaah, en fin, un infierno.

La cuestión es cuando además de darte cuenta que estás gastando la única vida que tienes en pensar en lo que tienes que hacer y en lo que será y no en detenerte a sentir tu corazón palpitar, a gozar el momento sin la expectativa de lo que sucederá en los próximos cinco minutos y además estresarse porque eso que suceda, debe ser "perfecto".

He tenido que aprender a tener fe, a soltar, a dar votos de confianza, es decir, sentir y asumir que lo que deseo pasará pero sin presionarme en la espera; he tenido que aprender que es mejor la excelencia que la perfección, a darme permisos: que si hoy no entrené no pasa nada, porque lo hago todos los días al año, que si me comí algo que quizás no debí no pasa nada, porque no lo hago a diario y que si no estoy en donde quiero, es porque no es el momento, o Dios tiene algo mejor para mí o simplemente eso no es para mí. Porque, cuando estamos tan afanados con ser tan poco permisivos en nuestras vidas y estructurados, parecemos pájaros que nacieron en una jaula y que como dice Alejandro Jodorowsky, "creen que volar es una enfermedad". Vemos a los demás como raros, cuando quienes no estamos gozando de la vida somos nosotros, y deja tú que no gozamos, sino que nosotros mismos con esa actitud nos estamos limitando a lograr lo que deseamos.

Y todo eso sucede, porque generamos mucho ruido propio, tanto, que unido al ruido externo y ajeno, no sabemos en qué frecuencia estamos. Ser estructurado y poco permisivo no deja nada, el único que sale perdiendo es uno, el único cuerpo que se puede dañar es el propio, así que es mejor aflojar y como dice Marc Anthony en su canción, "¡hay que vivir, reír, gozar, vivir la vida, lalalala!".

No es posible que nosotros mismos elijamos meternos en una propia cárcel, es decir, la de un autosabotaje, que es el centro del epicentro de toda esta cuestión que he venido compartiéndote. El autosabotaje, son pensamientos que no corresponden y nos autoimponen situaciones o maneras de conducirnos en la vida que nos limiten, que no nos hagan disfrutar de todo lo que podemos, que no nos permiten elegir abrir las alas y los ojos a la vida. Autosabotaje es hacer, inconscientemente, cosas que nos impiden lograr lo que deseamos

Es importante entender que cuando nos autosaboteamos es porque tenemos un hábito muy arraigado desde nuestra infancia y que por lo general está basado en la manera en la que respondíamos a nuestros padres ante lo que ellos esperaban de nosotros. En algunos casos es la perfección, pues buscamos aceptación y necesidad de demostrarle a los demás, hacerles sentirse orgullosos, sin haber estado conscientes de nuestros verdaderos deseos y necesidades.

Otra de las razones es la baja autoestima; el autosabotaje simplemente refuerza y/o refleja nuestra forma de pensar. Por ejemplo: pensamos que no nos merecemos tener éxito, por lo tanto, no nos esforzamos lo necesario para lograrlo.
Y acá es en donde nos dejamos llevar por lo que dicen los demás, queremos agradar a otros y no aprendemos a decir que no.

Y también todo se reduce al miedo, el núcleo del autosabotaje, pues "a pesar de que podemos decir e incluso creer que queremos lograr algo, internamente y de manera no muy consciente, podemos tener miedo de que los resultados, si son positivos, impliquen cambios que no deseamos o que creemos que no podemos manejar". Según la especialista en crecimiento y bienestar emocional Silvia Russek, podemos tenerle miedo al cambio, miedo al éxito y a las responsabilidades y obligaciones que éste implica, miedo a terminar desilusionados o frustrados y sentirnos mal, si no tenemos éxito.

La doctora Jaime Kulaga, Life Coach certificada, asesora de salud mental y oradora, sostiene que hay muchas formas en las que nos ponemos obstáculos en el camino y hay que identificarlas. Todo se reduce a una sola causa, el miedo a algo. Es importante analizar a qué le tememos y enfrentar esos miedos. El no hacerlo es la razón por la cual muchas personas no logran nada, sea cual sea el objetivo que se proponen.

La especialista dice que debemos darnos cuenta de que no existe la perfección. La idea es que hoy seamos una mejor versión de quien éramos ayer y de hecho así lo hacemos pues cada nuevo día es una gran oportunidad pero nunca seremos perfectos ni tenemos el control de nada. Cuando aceptamos eso, damos un paso gigante porque nos deshacemos de gran cantidad de energía negativa y podemos entonces emprender el camino para lograr verdaderamente lo que deseamos.

Lo otro es que no debemos compararnos con nadie. Yo he aprendido que el único oponente que tengo es cuando me miro en el espejo. Yo mismo, no tengo la vida, las circunstancias, las condiciones, la educación, la economía ni nada de los demás, entonces, mejor no me estreso, ni gasto energía comparándome. Siempre hay alguien que va a ser mejor.

Algo importante además es no tomar decisiones impulsivas con base en emociones temporales, pues si lo hacemos probablemente tomemos una mala elección. Toma aire, respira y decide cuando sea su momento.

Tirar, abandonar, dejar atrás todas las cargas emocionales negativas, como culpa, resentimiento, odio, rencor, ira, es vital. Si nos pasamos viendo hacia atrás no nos concentramos en el presente. Suelta lo que permitiste que te afectara de lo que hicieron o dijeron los demás y sigue adelante.

Cambia tus pensamientos. Elimina los pensamientos negativos por positivos.

Ten fe, que es la certeza de lo que no se ve. Así de simple, aunque implique trabajo.

No te castigues o regañes, porque no sirve de nada.

Trabaja en mejorar tu autoestima. Analiza qué has perdido por estarte autosaboteando. Precisamente, te dejo con este cuestionario de Silvia Russek, que me parece maravilloso, y con el cual aprenderás cuáles son tus miedos y podrás emprender el camino hacia enfrentarlos.

Escribe en una hoja de papel:

Me da miedo...
Me preocupa...
Si logro mis metas...
Si tengo éxito...
Lo más seguro es que...
Si mi vida cambia...
El éxito provoca...
Tengo miedo que...
Creo que si logro lo que deseo...

En fin, ponte la meta de hacer cada día algo a lo que temes. Salte de la jaula y vive, explora nuestro territorios, si en algún área de tu vida, has sido ese pájaro enjaulado como yo lo fui.

Y recuerda: ¡a sonreír, agradecer y abrazar tu vida!

¡Gracias por existir, compartir y estar!

En Twitter, @ChrisBarquero.

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